×
Carlos Moreira
Carlos Moreira
ver +

" Comentar Imprimir
03 Diciembre 2016 04:09:00
Juventud, sociedad, sindicalismo y política (2/3)
Los jóvenes adultos pudieron cambiar el rumbo en las elecciones de Estados Unidos, pero no lo hicieron. Se quedaron en los “likes”, no fueron a votar y dejaron que los adultos, especialmente los mayores, definieran el rumbo de su nación y escogieran al personaje del discurso arcaico, misógino, racista e intolerante. Dejaron que la extrema derecha ocupara con varios de sus representantes, los lugares más estratégicos de la próxima Administración norteamericana.

No es un caso aislado. También en Gran Bretaña se quedaron en la apatía y aun cuando la salida de la comunidad europea les perjudica (y mucho), no hicieron lo suficiente para evitar que fueran los de mayor edad los únicos que se expresaran en las urnas.

En Colombia también triunfó el rencor de los adultos mayores, al no manifestarse el coraje y el sueño de paz de los más jóvenes adultos.

Igual sucedió en las pasadas elecciones de España, donde la derecha de Mariano Rajoy avanzó gracias a la buena participación de los adultos de más de 50 años y a que se estancó la izquierda de los jóvenes revolucionarios del Partido Podemos.

¿Qué ocurre con la fuerza de los jóvenes? ¿Por qué no se manifiesta en número y en calidad de expresión, lo que demográfica y socialmente se observa?

Entiendo que Hillary no les emocionara, pero no comprendo que optaran por desairar el proceso y dejar que un personaje así, de tan baja estatura política, ponga en peligro la estabilidad del mundo.

Menos aún entiendo lo de Gran Bretaña, Colombia y España. En las dos primeras elecciones estaban en juego la apertura contra la cerrazón y la paz contra la guerra. Y en la Madre Patria, a la llamada generación del cambio, le dio miedo optar por el cambio.

Lo cierto es que no son hechos aislados. Son cuatro naciones con circunstancias muy diferentes y un común denominador: la apatía de los jóvenes. Entre las razones que encuentro para explicar dicho fenómeno, me vienen a la mente las siguientes tres.

•Los jóvenes han caído en la gran campaña de desprestigio sobre el tema político y prefieren no acercase. Se les ha pintado que todo está tan mal, y por lo tanto optan por no enlodarse.

•Los jóvenes no le han dado importancia a la formación ideológica. No han dedicado tiempo y esfuerzo a comprender los riesgos de fondo de las expresiones radicales de la derecha. Creo que ni siquiera han hecho conciencia de las desventajas laborales y de seguridad social del actual modelo, y menos aún de las medidas que tendrían que tomar para modificarlo.

•Existe un acuerdo no escrito de los adultos mayores para no abrir espacios reales de participación política a los jóvenes. Y una apatía de estos últimos para asumir con vigor el papel que deberían de estar desempeñando.

Triste será el mañana mientras los jóvenes no comprendan que el presente es suyo, que en los partidos su espacio no está en un comité juvenil sino en la dirección del organismo y que su participación no debe ser casual, individual y sin ideología, sino colectiva, con reflexión e ideales.

Triste será el mañana para todos si sólo se posiciona en espacios políticos a mentes avejentadas en el cuerpo de jóvenes (hay, por el contrario, jóvenes en el cuerpo de personas de más edad como Bernie Sanders o José Narro). Insisto y subrayo, la participación tiene que ser colectiva, con energía y que en la voz se concentren los compromisos del presente y el mañana para la generación que representan.

Los jóvenes simbolizan lo mejor de la sociedad. Y si pensamos en sus valores y en su capacidad, los jóvenes de hoy son los mejores de la historia. Pero sin embargo y a la luz de los hechos, les falta algo y ese algo es muy determinante, les falta más, muchísima más participación.

Pensar en los jóvenes, pensar como un joven, es hacerlo en torno a la lucha por una educación para todos, por estabilidad laboral, por respeto a la naturaleza, por tolerancia y por entender que todos somos iguales sin importar género, inclinaciones sexuales, creencias religiosas, nacionalidad o situación económica.

El mundo sería mejor con la participación de los jóvenes, pero al parecer no quieren. Y bueno, triste, muy triste será el mañana, el mañana de todos, pero especialmente el futuro de los jóvenes, si no se logra entender que un “like” en Facebook no equivale a un voto en las urnas.
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2