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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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02 Marzo 2014 05:05:41
La administración política del conflicto
Las referencias del medievo, del imperio de los señores feudales, dan cuenta de una población reducida a meros siervos, al vasallaje. Se tenía suerte si el señor feudal, el conde o el duque resultaban sólo medio locos y no tan abusivos. En caso contrario no había poder en la tierra que los salvara de las ocurrencias del literalmente dueño de vidas y haciendas y especialmente cuando el rey tenía la misma hechura o simplemente le importaba un pepino la suerte de los que finalmente eran también sus súbditos.

Los libros de Historia refieren que con el Renacimiento, allá por los siglos 15 y 16, inició la descomposición del feudalismo para dar paso a nuevos códigos en el entramado político, social y cultural, primero en Europa y luego en América. Lo que los libros de Historia no dicen es que 500 años después, en la praxis, pareciera vigente el modelo de los señores feudales, cuando literalmente se deja a la población a merced de las ocurrencias de quien gobierna.

Se corre con suerte si el susodicho resulta medio talentoso, no tan corrupto y con alguna visión de futuro, pero por lo visto no es cosa generalizada, por el contrario, la regla se encuentra marcada en el otro extremo.

Los ciudadanos en Saltillo sabemos a la perfección que las cosas no marchan bien, especialmente en materia de seguridad. Tenemos información suficiente para caracterizar a la Policía Preventiva como desmantelada, que los rondines de vigilancia brillan por su ausencia y que la ola de robos y asaltos toca por igual bancos, comercios, casas-habitación… que nadie se salva.

Bien, el Municipio no da el ancho, y mientras las pandillas siguen creciendo en número y beligerancia; las farderas mantienen en jaque a los comerciantes y las bandas de asaltantes dan golpes un día sí y el otro también.

La cosa está color de hormiga, sí, pero ¿que no vivimos en la capital de un estado, dentro de un marco federal? ¿Qué no hay nadie que entienda que no se puede dejar crecer el problema de la inseguridad como si se tratase de una bola de nieve por el hecho de que el Alcalde (que no da una) es panista? Bueno, y la ciudadanía qué, tiene que pagar con su patrimonio y tranquilidad una suerte de factura por haber votado por el PAN, que dicho sea de paso, ¿no era el
resultado que se quería?

Saltillo no es el feudo de nadie y simplemente no puede quedar a expensas de que algún día se recomponga la estructura de la Policía Preventiva, de que algún día se atine a diseñar una estrategia efectiva para combatir a la delincuencia del fuero común, que se logre abatir la altísima incidencia de robos y asaltos.

Alguien debería hacer algo en las esferas estatal y federal, que si bien no son garantía de nada, por lo menos darían alguna muestra de que entienden que la población no tiene la culpa de las filias y fobias personales y/o partidistas que imperan en la relación entre autoridades de distintos niveles.

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