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María del Carmen Maqueo Garza
María del Carmen Maqueo Garza
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Coahuilense, médico pediatra, apasionada de la palabra escrita. Desde 1975 ha sido columnista en diversos periódicos regionales. Bloguera a partir del 2010. Participa activamente en el Taller literario “Palabras al viento”. Tiene varios libros publicados. Inquieta por la problemática social, en particular la relativa a nuestros niños y jóvenes. Sus colaboraciones invitan a asumir que la resolución de esos problemas es tarea común para todos. Su blog: https://contraluzcoah.blogspot.com/

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30 Septiembre 2018 04:00:00
La afición: radiografía social
Esta vez fue en Monterrey, en las horas previas al Clásico entre Tigres y Rayados. El conductor de un vehículo arremete contra un grupo de aficionados del equipo contrario y se arma la trifulca. Un individuo es golpeado y lesionado de muerte con un “fondo de botella”.

Sucede en otras partes del mundo, sí. Pero que suceda aquí, es asunto nuestro. Para desgracia de todos los mexicanos, muy diversas actividades se han contaminado con esa violencia epidémica que da al traste con iniciativas de sano esparcimiento. Dentro del deporte, que en su origen era de corte familiar, se van infiltrando afanes perversos que lo corrompen. En ocasiones son sustancias tóxicas las que disparan esas conductas beligerantes, pero igual las vemos en individuos que no las han consumido. Pareciera que es la necesidad de liberar neuroquímicos que disparen las conductas antisociales (con la “emoción” que conllevan), es suficiente en este caso, para que los ataques entre jóvenes aficionados se sigan dando.

La familia ha sido el ideal que mueve a la civilización. Desde una residencia hasta una aspiradora; desde un viaje a la playa hasta un refrigerador, todo está inspirado en el bienestar familiar. Sin embargo este ideal se ha quedado en muchas ocasiones limitado a la esfera comercial. No ha regresado a su significado original, que es la búsqueda de una satisfacción global del núcleo familiar.

A pesar de mi poca afición a los partidos de futbol, no dejo de encontrar gratificante observar los grupos familiares que acuden al partido del domingo en apoyo a su afición. Muchos de ellos lo hacen uniformados con la playera de su equipo, desde el abuelo hasta el bebé de brazos. En torno a este ideal se va tejiendo toda una constelación de productos y servicios para exaltar el concepto de “diversión familiar” que el deporte del balompié debe representar. Sin embargo algo se rompe, o bien, no en todos los casos el deporte constituye un ideal familiar a desarrollar.

Como diría mi abuela Luz, para tener caldo de pollo, primero hay que tener el pollo. Esto es quizá el ideal de familia en torno al cual se teje la parafernalia comercial y mediática, simplemente no existe. La afición se compone de individuos provenientes de familias desintegradas o disfuncionales, que más que visualizar el deporte como una actividad cohesionadora, lo enfocan como un campo de batalla a donde ir a buscar esas emociones fuertes, que les hacen sentirse vivos. Más que el entusiasmo por apoyar sanamente a un equipo, tal vez estén generando acciones tribales de ataque contra aquel que no se identifica con su causa.

La enfermedad de México se manifiesta de muchas maneras. Cuando lo hace detrás de las puertas de la casa, quizá no nos enteremos. Cuando lo hace de manera pública es el momento para abordar el problema, no como un asunto de inseguridad que se combate con armas y sometimiento, sino como una cuestión social que debe resolverse desde sus orígenes.

Las dificultades económicas de una familia son un elemento que detona la disfunción. En tanto el dinero que ingresa al hogar no sea suficiente para cubrir las necesidades básicas de sus integrantes, va a haber problemas. En la medida en que la figura de los padres (por causas laborales) no se haga presente como debiera, los niños crecerán con necesidades no resueltas. Mientras no se entienda que el desarrollo de un niño va más allá de los aspectos físicos estaremos conformando sociedades insatisfechas. En tanto no midamos a las personas conforme a su valor intrínseco, seguiremos sintiendo la necesidad de acumular y enriquecernos para valer ante los demás.

no se trata de contar cuántos muertos llevamos y sentarnos a llorar. Se trata de volver la vista a lo nuestro, lo que hay dentro de las cuatro paredes del hogar, como los jueces más críticos. Así de sencillo.
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