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Carmen Aristegui
Carmen Aristegui
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Carmen Aristegui Flores. Periodista y conductora de programas de radio y televisión de amplia experiencia y reconocimiento en México.

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05 Febrero 2016 05:10:16
La agenda del Papa
El último viaje de un pontífice a México estuvo marcado por una lamentable y tristísima omisión: Benedicto XVI no se encontró con víctimas de abusos sexuales cometidos por integrantes de la Iglesia católica. A pesar de todo el esfuerzo que hicieron –especialmente las víctimas de Marcial Maciel, el sacerdote mexicano que escaló los más altos niveles de influencia en el mundo empresarial, político y, desde luego, de las más altas esferas de la Iglesia mexicana y el poder vaticano– no lograron su propósito. Las solicitudes de las víctimas de Maciel y de otros sacerdotes pederastas mexicanos no prosperaron y las puertas al Papa les fueron cerradas.

A pesar de que Joseph Ratzinger conocía como pocos el caso Maciel, a quien le tocó encubrir en tiempos de Juan Pablo II, pero a quien sí mandó investigar antes de convertirse él mismo en Papa, y con un Wojtyla agonizante. Fue Benedicto XVI quien más hizo frente a las conductas criminales de tan siniestro personaje, sin embargo al llegar a nuestro país le fue impedido encontrarse con las víctimas en México y aun de Estados Unidos que estaban dispuestas a viajar con tal de reunirse con el Pontífice.

Al Papa lo coparon y a las víctimas las hicieron a un lado. Hubo tiempo para todo: misas, vallas, confeti, espejitos, multitudes y discursos edulcorados. Hubo tiempo para lo que fuera menos para recibir a las víctimas. ¿Por qué, si Benedicto abrió la puerta y se encontró con víctimas de abuso clerical en Alemania, Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Portugal y Malta, no lo hizo en México cuando tuvo ocasión para hacerlo? Benedicto sí escuchó, en otros países, a las víctimas, lloró con ellas y pronunció duras palabras contra esa conducta deleznable de abusar –desde una posición de poder y de superioridad– en contra de los más frágiles y los menores.

En aquella visita papal, al mismo tiempo que Benedicto XVI recorría Guanajuato, en la misma ciudad era presentado un libro clave y fundamental para ese tema: La Voluntad de no Saber. Lo que sí se Conocía sobre Maciel en los Archivos Secretos del Vaticano desde 1944, de José Barba, Alberto Athié y Fernando M. González (Random House Mondadori). En esas páginas se encuentran expuestos documentos (212 legajos) que demuestran cómo el Vaticano tuvo conocimiento, por décadas, de los torcidos capítulos de la vida y obra de Marcial Maciel y de las acusaciones y denuncias que en su contra se acumularon por décadas. Varias de las víctimas que no fueron recibidas por Benedicto estuvieron presentes durante la presentación de ese libro.

La negativa de recibir a las víctimas no necesariamente fue una decisión del propio Pontífice. La cúpula eclesiástica, señaladamente la que protegió a Maciel y a otros curas pederastas, mucho tendría que ver en el diseño de esa agenda.

No pasó mucho tiempo para que Benedicto XVI renunciara, en un hecho insólito, al pontificado y diera paso al papado de Jorge Mario Bergoglio. Las razones por las cuales Benedicto se retiró de su cargo no son fáciles de comprender.

Francisco está por llegar a tierras mexicanas. Hoy los familiares de las víctimas del caso Ayotzinapa piden ser recibidos durante la visita para poder hablar con el Papa sobre la situación que envuelve el caso de los jóvenes estudiantes desaparecidos en Guerrero. La tensión política que causa la posibilidad de ese encuentro es evidente.

La escena del Papa y las víctimas de Ayotzinapa removería, de nuevo, las entrañas del caso y descuadraría lo que para no pocos debería ser la visita del Pontífice. Claridoso como parece ser, Francisco ha dicho que no viene a tapar ni corrupción, ni violencia ni los temas del crimen organizado. Es factible que se pronuncie sobre esos y otros temas y, por supuesto, que envíe mensajes por la justicia y llamados para lograr la paz, como corresponde a un pastor de su talla en un país envuelto en su “pedacito de guerra”, como dijo en el mensaje obtenido por la agencia Notimex y divulgado esta semana.

Además de posibles menciones genéricas a todos estos problemas en México, queda la pregunta sobre si hará menciones específicas de asuntos que cruzan la realidad mexicana. ¿Hablará de pederastia clerical y abusos dentro de la Iglesia como los cometidos por Maciel y otros sacerdotes? ¿Pedirá escuchar a las víctimas ignoradas en la anterior visita?

¿Hablará o no del caso Ayotzinapa? ¿Serán o no recibidos los familiares de esos muchachos? ¿Cuánto peso querrá poner Francisco a sus palabras y acciones en tierras mexicanas? ¿Qué tan dueño de su agenda es el papa Francisco?
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