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Columnista Invitado
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16 Abril 2018 04:00:00
La agenda industrial dentro de las agendas
El avance de las campañas por la Presidencia de la República proporciona algunas de las ideas económicas de los candidatos, que parecen más bien un listado de lo que ratifican, y que en realidad, es sólo lo que ya establecen la ley y el marco institucional vigente.

Ratificar la autonomía del Banco de México y la disciplina macroeconómica o el combate a la inflación, sólo es poner “de piso” lo que ya tenemos, lo que ya hemos logrado en el marco de nuestra democracia, y para lo cual diversos sectores hemos sido testigos de un sinnúmero de foros, seminarios, publicaciones y nuevos marcos legales, que sin duda son el reflejo de una política industrial que configura mercados y nuevos entes reguladores en los sectores de energía y telecomunicaciones.

En lo que va de este siglo, las políticas industriales se enfocaron en promover las inversiones clusterizantes de los sectores altamente exportadores: por un lado la maquila de exportación, y por el otro, el sector automotor y aeronáutico. La herramienta fundamental de política industrial en este periodo, sin duda, es el contenido nacional y el desarrollo de proveedores. Es entonces que se despliega la política de cadenas productivas y surgen diversos análisis económicos y metodologías para el mapeo de los clústeres y mecanismos para determinar el grado de integración de la economía mexicana sector por sector.

En esta etapa de la globalización, donde el neonacionalismo y el neoproteccionismo reconfiguran mercados y estrategias industriales, es indispensable repensar la política industrial de México a la luz de que, por lo menos este sexenio, el sector industrial no ha mostrado el desempeño deseado a nivel agregado. Por un lado, destaca el dinamismo del sector manufacturero, y por otro lado, el estancamiento de los sectores de electricidad, petróleo y gas; construcción, y minero. Esta situación contrasta con la expansión del sector agropecuario y de servicios.

Aun así, la economía mexicana ha mostrado un moderado crecimiento, suficiente para mantener expectativas y mostrar que los fundamentos son sólidos y resilientes ante la volatilidad y la incertidumbre que marca la compleja coyuntura para México, que se enfrenta a las políticas de EU, a su propio proceso electoral y el reposicionamiento comercial del país ante Europa, Japón, la Alianza del Pacífico y el CPTPP, así como el complejo marco de negociación del TLCAN, que va mucho más allá de lo negociado en el TPP, y que sin duda pondrá las “barreras” más altas para disfrutar de libre comercio con el mercado más importante del mundo: Estados Unidos.

La controversia empresarial generada con los resultados de lo negociado en el CPTPP, pone de nueva cuenta sobre la mesa la política industrial, que por un lado ofrece oportunidades de largo plazo para abarcar más mercados, pero también las amenazas de corto plazo de la liberalización de casi 80% de las fracciones arancelarias con economías diferenciadas en mercados y regulaciones. Por tanto, hay dos enfoques sobre la agenda industrial en este contexto de alta competitividad y concurrencia de oferentes en los mercados: el primero se orienta a la promoción industrial, y el segundo a la regulación económica que garantice la seguridad del consumidor, la salud humana y la de los ecosistemas.

Para volver a la agenda industrial, entonces, habría que retomar todos los instrumentos de promoción y evaluar su desempeño en los últimos años, y si verdaderamente se han orientado hacia las Pymes y los encadenamientos productivos generadores de empleo y especialización tecnológica. Entre los instrumentos en materia de promoción se encuentran la banca de desarrollo, que facilita créditos a proyectos de impacto económico regional; el sistema nacional de garantías para el acceso al financiamiento y los apoyos integrales para la exportación. Asia tuvo éxito alineando su sistema de innovación a las exportaciones desde hace 30 años, lo mismo hizo con su sistema estatal de financiamiento, que ha logrado una región altamente exportadora. Internacionalizar las empresas y hacerlas exportadoras se basó en créditos especializados y servicios gubernamentales para la promoción de exportaciones.

La agenda industrial tendrá que insertarse en las prioridades nacionales y revelar sus componentes activos de promoción en materia de financiamiento, capacidades para la producción, tecnología e innovación, la promoción de exportaciones y un sistema de capacitación y asesoría empresarial generalizado en las ciudades más importantes del país, para que tenga impacto no sólo en una empresa en lo particular, sino en cadenas productivas completas en forma sistémica y regional.

Así, esperamos ver en la agenda de los candidatos y sus promesas lo que establece la agenda industrial, o en su caso, elementos para construirla conjuntamente con el sector privado, utilizando sus organizaciones representativas para diferenciar los apoyos sectoriales y regionales, de aquellos que son transversales y que impactan cualquier tamaño de empresa en temas como el medio ambiente, la seguridad y salud en el trabajo, la educación dual o la energía, entre otros.

Rodrigo Alpízar Vallejo



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