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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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12 Mayo 2017 04:00:00
La alternancia llama
El PRI ganó las cuatro últimas elecciones para gobernador con rangos del 55 al 60% de los votos. En la anterior a ellas, Eliseo Mendoza obtuvo el 81% y la panista Teresa Ortuño Gurza el 14. En los procesos de 1993 a 2011, Acción Nacional no subió del 36%, más o menos en línea con las encuestas. Para los comicios del 4 de junio próximo, la mayoría de las proyecciones marcan un empate técnico entre Miguel Riquelme (PRI) y Guillermo Anaya (PAN), algo inédito en una entidad donde jamás ha habido alternancia.

Coahuila tuvo la primera oportunidad real de mudar de partido y de probar con un gobierno de coalición en 1999, cuando Juan Antonio García Villa fue postulado por el PAN, el PRD, el Partido Verde y el PT. Las condiciones eran propicias, pues tres años antes, bajo el gobierno de Rogelio Montemayor, el PRI había perdido los municipios más importantes y la mitad del Congreso con Acción Nacional. Para evitar riesgos, el PRI suprimió el dedazo (reimplantado por Humberto Moreira en 2011) y abrió por vez primera la elección de su candidato a militantes y simpatizantes.

La decisión mantuvo unido al PRI y evitó que Enrique Martínez, cuyo discurso lo enderezó contra el dedazo y el centralismo, fuera postulado por el PRD. Ricardo Monreal había dado ese paso el año previo en Zacatecas y derrotado a Marco Antonio Olvera, delfín del gobernador priista Arturo Romo. Apoyado en una ley electoral diseñada para obstaculizar las coaliciones, Martínez ganó los últimos comicios del siglo 20 con 405 mil votos (59.5% del total). García Villa captó 229 mil (33.7%).

En 2011 ocurrió lo insólito: la primera sucesión en el país entre hermanos. Las consecuencias para Coahuila han sido atroces. Rubén Moreira recibió todas las facilidades de Humberto para vencer a Guillermo Anaya, candidato del PAN y de Unión Democrática de Coahuila (UDC). Con esa experiencia y con un moreirato que además de haber entrado en barrena es asediado por investigaciones de corrupción, Anaya está ahora cerca de la Gubernatura. Además de la UDC, esta vez lo apoyan también los partidos Primero Coahuila y Encuentro Social, aliados del PRI en elecciones pasadas.

La ventaja del candidato priista Miguel Riquelme, favorito del gobernador Rubén Moreira, es mínima. Las encuestas lo empatan con Anaya. En tales circunstancias, no se puede aventurar un resultado. Riquelme ha cuidado su campaña, pero las redes sociales son implacables, sobre todo con el PRI y los Moreira. Su principal oferta consiste en mantener a Coahuila fuera de las zonas críticas del país en materia de violencia e inseguridad. Para extender la hegemonía del PRI otros seis años, argumenta que los estados donde ha habido alternancia (Durango, Chihuahua, Tamaulipas y Nuevo León) volvieron a ser tomados por la delincuencia organizada.

Anaya promete encarcelar a los Moreira, rescatar al estado de la corrupción, investigar la deuda y reconstruir el sistema de salud, ahora en crisis. Hace seis años, en la encuesta de Mitofsky (mayo) previa a las elecciones, Rubén Moreira registraba el 64% de la intención de voto y Anaya el 15%. Un mes después, GCE-Milenio proyectó 66% (PRI) / 30% (PAN). Hoy, a 22 días de las elecciones, Anaya y Riquelme están tablas. ¿Qué romperá el empate? Las últimas semanas de campaña lo dirán. Faltan escándalos por desvelar. El voto de castigo acecha. La alternancia llama a la puerta.
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