×
Aida Sifuentes
Aida Sifuentes
ver +
Es originaria de Sabinas, Coahuila. Egresó de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila y actualmente estudia ingeniería civil en la misma universidad. Colaboró en el Centro Cultural Vito Alessio Robles como correctora de estilo, y se ha desempeñado como periodista cultural. Es ajedrecista profesional y lectora por vocación.

" Comentar Imprimir
20 Mayo 2018 04:00:00
La amenaza de la derrota
Una de mis frases favoritas del ajedrez es la que se le atribuye al gran maestro ruso Anatoli Karpov, que dice: “la amenaza de la derrota es más terrible que la derrota misma”.

Es una aseveración de tal impacto que no sólo hace referencia al tablero, si lo traspolamos a cualquier situación, tiene el mismo devastador efecto.

Karpov, experto en explotar las pequeñas ventajas, tiene bien dominada esta idea. Contrario a los románticos fanáticos de los sacrificios espectaculares, el estilo de Karpov es más mesurado y discreto. Le basta con que al rival le quede una estructura de peones decadentes o en una posición inactiva para lanzarse cual boa constrictor al ataque. Toma esa ligera ventaja y aprieta y aprieta a sus contrincantes hasta dar el golpe mortal.

Imagina la tortura sicológica de pasar dos horas sentado, sabiendo que estás en una posición inferior, jugando contra Karpov, excampeón del mundo. Que tu partida está perdida y no habrá manera de rescatarla. Pero no te puedes rendir, hay que seguir intentando. El resultado ya no importa. Ganes o pierdas, has pasado dos horas en agonía.

Igual que en cualquier situación de la vida: pensar que perderemos el trabajo, que un ser querido está en peligro, que nuestra relación amorosa está a punto de colapsar es más terrible que cuando el mismo hecho ocurre de forma inesperada. La idea de imaginar un futuro devastador es suficiente para llevarnos al borde de la locura.

La diferencia entre el ajedrez y la vida es que en la vida no estamos solos. Ante el tablero estamos en soledad. Nosotros y nuestras ideas. Sin que el entrenador, algún amigo, o quien sea pueda dar una opinión o brindar un consejo. Pero en la vida no es así. Acá siempre habrá alguien dispuesto a escucharnos, a brindar ayuda o hacernos compañía.

Las cifras de suicidios son escalofriantes. Y responden justo a eso, a la amenaza de la derrota. A sentir que ya no hay salida. Pero no es así. Siempre hay alguien que puede ayudarte
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2