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Aida Sifuentes
Aida Sifuentes
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Es originaria de Sabinas, Coahuila. Egresó de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila y actualmente estudia ingeniería civil en la misma universidad. Colaboró en el Centro Cultural Vito Alessio Robles como correctora de estilo, y se ha desempeñado como periodista cultural. Es ajedrecista profesional y lectora por vocación.

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05 Agosto 2018 04:00:00
La aniquilación del otro
El ajedrez es como la vida: una partida refleja en sí el desarrollo de planes para alcanzar una meta, el cálculo de posibilidades, afrontar un error, tratar de resolverlo, buscar la forma de vencer. El ajedrez se parece a la vida, y por tanto se parece al amor. Hay tantos procesos mentales que se ejecutan durante la partida, que es natural que sea tomado por intelectuales como punto de partida para sus reflexiones. Rosario Castellanos es una de las tantas que fue seducida por los 64 escaques y plasmó la magia del tablero en su obra.

Rosario Castellanos es considerada una de las escritoras mexicanas más importantes de la historia, su obra se expandió a través de todos los géneros: trabajó el ensayo, la novela, el cuento, el teatro y  la poesía. Falleció un 7 de agosto de 1974 a causa de una descarga eléctrica en su hogar.

Rosario vivió con intensidad y lo reflejó en sus textos. Las preocupaciones por la causa feminista y por sus raíces indígenas fueron eje central de su obra. A través de eso buscó la forma de interpretar la realidad. Además afrontó múltiples problemas maritales con Ricardo Guerra, de quien finalmente se divorció tras 13 años de matrimonio. También fue una gran aficionada del ajedrez y lo practicó con regularidad.

Les compartimos el poema al que la autora tituló Ajedrez: Porque éramos amigos y a ratos, nos amábamos; / quizá para añadir otro interés / a los muchos que ya nos obligaban/ decidimos jugar juegos de inteligencia. / Pusimos un tablero enfrente / equitativo en piezas, en valores, / en posibilidad de movimientos. / Aprendimos las reglas, les juramos respeto / y empezó la partida. / Henos aquí hace un siglo, sentados, / meditando encarnizadamente / como dar el zarpazo último que aniquile / de modo inapelable y, para siempre, al otro.

A final de cuentas, el amor es igual a una partida de ajedrez: sentarse y jugar, alternadamente, en una batalla interminable hasta que al final, uno aniquile al otro. El amor y la vida entera. Tal como ella lo describió.

Aniquilar o ser aniquilados. Vaya dilema.
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