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Vicente Bello
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31 Agosto 2018 04:00:00
La aparición triunfal de Napoleón Gómez Urrutia
El Napoleón mexicano también sabe de estrategias de guerra y, en diversas salidas ante los medios de información, se ha ido sobre Germán Larrea, dueño de Grupo México, y también sobre Javier Lozano Alarcón, al parecer aquellos dos individuos que encausaron un río de mala leche sobre la vida personal y sindical de quien ahora, como el Ave Fénix, resucita de sus cenizas y acaba de ser investido como senador electo, sin que pierda por esto su condición de líder histórico del sindicato nacional minero.

“Los que hayan cometido esos abusos pues que se atengan a las consecuencias de la ley”, dijo Napoleón Gómez Urrutia ayer, en una de sus varias apariciones ante los reporteros que cubren las fuentes informativas sindical y de la Cámara de Senadores. Y esto lo decía cuando un reportero le preguntó qué se planteaba ahora, como senador, ante la campaña de desprestigio que le lanzaron durante años Larrea y el insufrible Lozano.

“No debe prevalecer la impunidad y las acusaciones falsas”, sostuvo.

En los territorios del Congreso de la Unión nadie recordaba ayer la aparición tan tempestuosa de un líder sindical como la que protagonizó Napoleón Gómez Urrutia, a quien tres presidentes de la República pretendieron, pero no pudieron, meterlo a la cárcel, por pedido del segundo empresario más rico de México: Germán Larrea, dueño de Grupo México y a quien, por añadidura, se le conoce también por ser un auténtico desalmado con sus trabajadores.

Todo mundo recuerda el estallamiento de relaciones entre Germán y Napoleón: El 19 de febrero de 2006, una de las fechas más infaustas que se recuerde en el estado de Coahuila y en el país entero, cuando por causa de un derrumbe en la mina de carbón de Pasta de Conchos quedaron sepultados 65 trabajadores mineros, cuyos cuerpos de 63 todavía continúan allí, abandonados: “Nunca se recuperó ni se quiso recuperar un solo cuerpo, ni hubo voluntad de la empresa ni de las autoridades para la recuperación de esos cuerpos”, arremetió Gómez Urrutia en lo que fue su primera conferencia de prensa como senador.

Fue evidente que Napoleón carga consigo, cosido en el alma, el asunto de Pasta de Conchos, una tragedia que fue también para él el comienzo de un drama personal y sindical.

A raíz de que acusó Napoleón a Germán Larrea y al entonces gobierno de Vicente Fox de estar coludidos en contra de los intereses más sentidos y humanos de los trabajadores, tuvo que salirse atropelladamente del país y refugiarse en Canadá, por uno de dos temores: porque lo querían agarrar preso o porque, incluso, lo pretendían matar.

Visiones del México doliente y quebrado de Porfirio Díaz volvieron en el 2006 a mirarse en el país como los relámpagos cuando se refocilan y estallan en millones de voltios amenazadores y ominosos.

Tan bruta es la fuerza de Germán Larrea que tan pronto daba la conferencia –una conferencia que no le permitieron en el Senado darla- varios portales de medios capitalinos se desbocaban lastrándole el lomo a chicotazos a Napoleón, en tanto que en las redes barbotaban docenas de bots dándole de zurriagazos una y otra vez.

Nadie pudo evitar, sin embargo, la condición histórica de la aparición del líder sindical minero, quien apareció flanqueado por sindicalistas que, durante doce años, lo fortalecieron estando en Canadá, dándole una vicepresidencia en la Industrial Blobal Unión, una super confederación de sindicatos de trabajadores mineros de todo el mundo, que –según el mismo Napoleón- agrupa a 50 millones de trabajadores en 640 países y cuyo secretario general es el canadiense Walter Sánchez.

Por cierto, Sánchez estuvo ahí, flanquéandolo, como también estuvieron Len Mcluskey, líder del sindicato minero más grande de Inglaterra, con un millón 400 mil agremiados, y Ken Neumman, líder sindical de United Steelworkers, una confederación de 75 mil trabajadores de la industria del acero en Estados Unidos y Canadá.

En la conferencia de marras, el líder sindical canadiense Walter Sánchez dijo, a propósito del momento histórico que vive México: “Esto que sucede en México es un momento que celebran los trabajadores a nivel mundial, especialmente los mineros mexicanos, que han resistido bravamente en todo este periodo”.

El canadiense continuó: “En todo el mundo hay violaciones de los derechos de los trabajadores, pero la persecución (de que fue objeto) Napoleón no tiene paralelo. Cuando estaba en una lucha justa en contra del homicidio de los compañeros de Pasta de Conchos fue perseguido por gobiernos sucesivos y por empresas de México. Y (se movilizaron) durante 12 años miles de trabajadores de todo el mundo (para evitar que lo detuvieran).

“Se le acogió en Vancouver. Había la amenaza de la Interpol de que lo podía hacer preso y extraditarlo para México, y fue la fuerza del movimiento de los mineros, miles de trabajadores, quienes en solidaridad, lo evitaron, Y ahora podemos celebrar este momento, en que México pasa por una nueva fase (de su historia) y en que Napoleón regresa a su patria y con su familia”.

Walter Sánchez apostilló: “Desde 2015 hay una queja ante la OIT en contra de la plaga de contratos de protección, aberración que solo existe en México. Los trabajadores no tienen derecho de escoger a su sindicato ni a un buen contrato colectivo. Fue norma de los gobiernos (se refería a la etapa del régimen comprendida entre Carlos Salinas y Enrique Peña) garantizar al capital extranjero que sueldos serían bajos”.

Jueves 30 de agosto de 2018. Era la víspera y soplaban fuertes y nuevos vientos sobre el país.
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