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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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28 Febrero 2018 04:08:00
La bandera del cambio
Las únicas coincidencias entre Ricardo Anaya y Emmanuel Macron, Presidente de Francia, con quienes sus simpatizantes lo comparan para sumar adeptos, es su fe católica y que, en caso de ganar las elecciones del 1 de julio, asumiría el poder a los 39 años. La experiencia política y administrativa del candidato de la coalición Por México al Frente es corta: diputado local, diputado federal, subsecretario de Turismo con Felipe Calderón y líder del PAN. La de Macron lo era aún más, aunque de mayor relevancia pues antes de despachar en el Palacio del Elíseo fue ministro de Economía en el Gobierno socialista de François Hollande.

Especialista en inversión y exempleado del banco Rothschild & Cie, Macron fundó el movimiento de centro ¡En Marcha! (Asociación para la Renovación de la Vida Política es su nombre oficial) en abril de 2016 y al año siguiente ganó las elecciones en segunda vuelta a Marine Le Pen, candidata del Frente Nacional, de extrema derecha. Los partidos tradicionales —republicanos y socialista— cayeron al tercero y quinto puesto, respectivamente.

Macron, un rostro fresco en la política francesa, definió así a ¡En Marcha!: “Mi movimiento es una amplia coalición de socialdemócratas, liberales, centristas, ecologistas y sobre todo de ciudadanos que nunca han tenido un compromiso político (…) Los partidos están anclados en una división que no se corresponde con la realidad. La verdadera división está entre progresistas y conservadores, entre apertura e inmovilismo” (wikipedia).

En México, el descrédito de la política obliga a los partidos a postular candidatos “ciudadanos” como es el caso de José Antonio Meade, de la coalición Todos por México (PRI, Verde y Nueva Alianza). Sin embargo, el barniz no los libera de los vicios, compromisos, malos gobiernos y escándalos de corrupción inherentes a la partitocracia. Esa es la razón por la cual la candidatura de Meade no ha despegado y muy difícilmente levantará en tres meses de campaña (del 30 de marzo al 29 de junio). Macron tuvo el mérito de entender la realidad en su país, fundar un nuevo partido y deslindarse del presidente Hollande. Meade está sometido al PRI y jamás romperá con Peña Nieto.

En países donde existe segunda vuelta –Argentina, Brasil, Perú, España, Francia, Reino Unido…– los partidos tradicionales batallan cada vez más para ganar elecciones debido al surgimiento de nuevas fuerzas políticas. Con mayor razón en México, donde la presidencia se decide en una sola ronda. Ello explica las coaliciones del PAN con el PRD y Movimiento Ciudadano; la del PRI con el Verde y Nueva Alianza; y la de Morena con el PT y Encuentro Social cuyo candidato Andrés Manuel López Obrador encabeza las encuestas por el agotamiento del bipartidismo PRI-PAN y el escaso impacto de la alternancia en la marcha de un país agobiado por la corrupción, la impunidad, la inseguridad y la violencia. Ricardo Anaya ha retomado la bandera del cambio que Vicente Fox y Felipe Calderón abandonaron en sus gobiernos. En su cierre de precampaña el 11 de febrero en Coatzacoalcos, Veracruz, el candidato de Por México al Frente arengó: “Va a haber un cambio en la patria, en la República Mexicana. No tengo absolutamente ninguna duda: vamos a triunfar, voy a ser el próximo Presidente de México y le daremos al país el cambio profundo que necesita”. Anaya habla francés, pero no es Macron; sin embargo, quiere, como el líder de ¡En Marcha!, cruzarse la banda a los 39 años y convertirse en el presidente más joven de México.
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