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Abdel Robles
Abdel Robles
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Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Reportero sección policiaca en Editora El Sol, reportero sección local El Norte, coeditor del vespertino Extra de Multimedios, director editorial del Periódico La Voz de Monclova, director Editorial de El Diario de Coahuila, Comunicación del Municipio de San Nicolás de los Garza, NL, director editorial de Zócalo Piedras Negras, y actualmente editor en jefe de Zócalo Monclova

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26 Abril 2015 03:10:08
La barrunta y la paleta de Juan Bembas
Cuando Santiago de la Peña barruntaba el mal tiempo, se nos venía una peste a pescado viejo por toda la barra…

Entonces la bisabuela Pavita nos llamaba…

“Vénganse mis pollitos”… nos agarraba temprano, sacaba gorros de estambre, uno para cada quien… sacaba los hules del cajón por si el agua… y las ollas de las goteras.

Y así, sentaditos en el corredor de la vieja casa de madera, a esperar que comenzara el frío.

Acomodados como cuervos vestidos…

Chorritos de sudor y mugre por la sien… por el pescuezo…

por la frente.

Tensa espera a que la primera ráfaga de viento apareciera por encima del caimito… arrasando a los tordos y a las garzas que buscan refugio.

Entonces sí…

En la hora en que el sudor se vuelve frío… en que sale Pavita con el pocillo de chocolate… ese vaporcillo dulzón… esa nariz que se pone cálida.

Pero mientras llega, miramos a Juan Bembas con su paleta colorada de hielo… gotea… y él lame el contenido con ávida inspiración, a ojos cerrados.

¿A poco quieren?… nos dice…

Nomás pelamos los ojos, nadie de los cuatro negritos contesta…

Llevamos media hora de espera a que el nortazo nos afecte…

a que las palmeras se sacudan… a que los pinares se dobleguen sin quebrarse.

A que vuelen los techos de casa de Adoración… y los calzones flameados de Chencho Pulques salgan volando desde el tendedero.

Los pollos están guardados, y el Raisulí se fue a echar debajo de una vieja mesa de madera.

El sol picoso… picoso de barrunto…

La mollera está caliente…

Juan Bembas está sentado y lame otra paleta, ahora una verde…

“¿A poco no quieren un cachito?”

Ya me sé el resto de la historia, a cualquiera de nosotros que le conteste que sí… que sí quiere, le va a responder con lo mismo…

“¡Pues compra!”

No vamos a caer esta vez…

El negro Yayi, mi hermano que sigue, saca la liga de poner medias… la gruesa, colorada…

y un pedacito de parque… una ramita gruesa y verde… lechosa, que se dobla sobre la liga cuando la estiras, y luego puedes dispararla.

Le voy a disparar a Juan Bembas…

“Dijo Mamá Pile que es pecado”, interrumpe Abdel…

¡Pecado!… pues sí, es pecado… y el pecado es feo y te condena.

Pero Juan Bembas se merece el escarmiento…

¿Y si nomás le disparo a pasarle de cerquita?

A lo mejor así sí… a lo mejor, pero no sé…

Yo creo que no…

Entonces le apunto al copetito… a pasar rozando…

Pongo el pulso firme… aguanto la respiración, y le iba a disparar cuando el ventarrón apareció aullando por encima del caminito…

traía hojas… hules y una rama que se desprendió del framboyán…

Sí… la rama que le cayó a Juan Bembas en la mano… que le arrancó la paleta verde… que lo puso a llorar…

Así es el nortazo que se barrunta… repentino y frío… frío que te cala…

Juan Bembas corre para un lado… para otro… el agua lo empapa todito.

Sale Pavita con el chocolate calientito… el sudor se congela en la frente, en el pescuezo, en los sobacos…

“Aquí tienen mis negritos… su chocolatito”.

Delicioso…

Juan Bembas, con las greñas relamidas de agua sobre la frente… tiembla de frío… las canillas le crujen…

Tiene la angustia en el rostro… el frío.

Aspiro el vapor del chocolate y lo huelo con los ojos cerrados… “¿Quieres?”

Juan Bembas… transido de tristeza, con los labios que le tiemblan mientras dibujan un puchero, dice que sí con la cabeza.

Y viene la venganza…

“¡Cooooompra!”

Y viene la venganza… y viene otro vendaval…

Uno de manazos en la mera cabeza…

Pavita me escuchó…

“Muchacho jijo del hule podrido… ¿a quién le aprendió a burlarse del necesitado?”

Me atraganto del chocolate… me lo quitan de las manos y se lo entregan a Juan Bembas…

“Tenga mi niño… tenga…”

¿Y yo?… ¿y yo?

“Para los negritos groseros no hay chocolate”.

¿Y yo?

Termino sentado, tembloroso, al lado de Juan Bembas…

Un sorbito él… un sorbito yo…

Nunca sabe uno lo que la barrunta ha de traer.

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