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Verónica Marroquín
Verónica Marroquín
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30 Abril 2017 04:25:00
La bella tarea de ser mamá y profesionista
Queridos amigos: ¿qué tal va su domingo familiar? Como cada semana deseándoles todo lo mejor, apapachen a sus niños y niñas, sobre todo a nuestro niño interior, démosle un abrazo, verán que bello sentirán. Jamás dejemos ese niño interior abandonado amigos, pues recuerden que hay que volverse niños para entrar al reino de Dios.

Hoy el tema que les comparto es algo que si bien me llena de gran orgullo, también en ocasiones no ha sido nada fácil, volteo hacia atrás, (dicen que para atrás sólo para agarrar vuelo) sin embargo a mí sí me enorgullece voltear atrás, y ver todo lo que he crecido en mi transitar por la vida.

Como muchos sabrán, porque son de Saltillo, de mi trayectoria y vida. Otros no, así que les platico que como muchas mujeres en el mundo global, nos hemos visto en la necesidad de no sólo estar como amas de casa cuidando a nuestros amados hijos, sino salir fuera del hogar para sacar adelante a esos pequeños seres que Dios nos dio a nuestro cuidado, tanto a papá como a mamá.

Pero ¿qué sucede cuando tienes que ser todóloga porque el papá no está? Tienes que partirte en mil pedazos para levantarte temprano, hacer el desayuno (ahora ya no lo hago, ya crecieron) y llevar a los hijos al colegio, y a la guardería en su momento hace ya varios años.

Ir a tu trabajo, y cuando se enfermaban, Santo Dios, pues bendita abuelita (mi santa madre), si no podía ir por ellas tenía que pedir permiso al jefe, con la pena hasta el suelo, ¿y si me dice que no? benditos jefes y jefas que me han tocado de verdad, Dios los y las bendiga, pues han sido de una calidad humana y de un trato amable siempre, debo reconocerlo y agradecerlo.

Y si hubo alguna situación desfavorable, créanme que a estas alturas sólo bendiciones les mando y recuerdos bellos y positivos solamente.

Pues bueno, ya sabrán, saliendo del trabajo ir por las criaturas a los colegios, cuando estábamos en el mismo lugar ellas y yo, ¡padrísimo! Pero cuando no, pues corre y ve por Estefa y luego por Andrea y por Vero, y llegaba a casa de mis amados padres.

Estuve ahí por dos años, ¿saben? Cuánto les debo de verdad, todo en la vida benditos sean. Llegaba, comía parada, me lavaba los dientes, sí hacía mucho calor, date otro regaderazo, cámbiate de ropa de o cina, porque en la mañana estaba trabajando en un colegio, te ibas con el uniforme y por la tarde en mi otro trabajo era administrativo, así que se iba uno más linda, bueno eso intentaba.

Y dejaba a las Hijas otra vez encargadas con los benditos abuelos que las cuidaban mejor que yo, sin duda alguna, y apachaban por supuesto (ese es otro tema a tratar, el que los abuelos sean consentidores, pues luego uno batalla, a veces también depende de los hijos).

Llegar a Casa al final del día, que quieren que les hagan los gustos como en casa de los abuelos, y oh sorpresa la mamá está agotada de todo el santo día trabajar y estudiar, pues me encanta siempre estoy aprendiendo.

Llegar todas deseosas de mamá y yo de hijas (ahora no tanto), a cenar y bañarse, si no habían terminado la tarea a seguirle, luego los quehaceres del hogar, que si tenías una muchacha que te ayudara en esos menesteres qué bendición.

¿Pero si no? ya sabrán y las hijas pequeñas, te daban las 2 y las 3 de la mañana, preparando todo para el día siguiente. Llegaban los sábados y dirán ustedes mis queridos amigos “a descansar”, pues no... era irme a las 7:00 am a la maestría y llegar muerta –literal– hasta las 3 o 4 de la tarde según el programa del día.

Después a seguirle en la casa y ver a las hijas, llevarlas al cine, a pasear, convivir con ellas porque entre semana era córrele para allá y para acá. Ir al súper, al doctor en ocasiones, a las piñatas también, llévame aquí, allá, los compromisos de todas, incluso de trabajo a veces, la verdad que nunca faltaba que hacer.

Y en ese ínter me enfermo de cáncer que ya les he platicado de esa etapa grandiosa de mi vida, y tan dolorosa también, y a suspender la maestría, y todo se va complicando, y al mismo tiempo todo se va acomodando porque Dios es misericordioso.
sin embargo siempre Con esa actitud de salir adelante con mis hijas.

Qué satisfacción aHora tengo de ver a mis hijas todas unas bellas y grandes mujeres en toda la extensión de la palabra. Han valido la pena todos los esfuerzos, desvelos, lagrimas, dolores, preocupaciones (esas nunca se acaban mientras uno sea mamá).

Hoy por hoy, ellas me ayudan, ya trabajan dos y dos estudian aún, van haciéndose camino poco a poco, y me enorgullecen totalmente, fácil no ha sido, pero sí contenta por todo ese caminar juntas.

Cuánto aprendizaje de vida, Cuántos errores también, de eso se aprende más, dolores muchos también, pero juntas, no sé por cuánto tiempo Dios sabrá.

Ya están en edad de merecer, decían las abuelitas, que tarde o temprano seguirán su vida, su destino, sus proyectos y habrá que soltarlas y bendecirlas.

Cuántas Historias que no Caben en este escrito y cuántas de ustedes han pasado y están pasando por la similar historia, pues muchísimas supongo, sólo quiero recordarles a todas ustedes, que vale la pena el esfuerzo que hagamos por salir adelante, que siempre habrá una salida a todo y que siempre llegan ángeles terrenales que, bendito Dios, jamás me han faltado, ni a mis hijas ni a mí.

“Lo más Hermoso, sin duda, es ayudar a salir adelante a nuestros hijos, son nuestra extensión de vida. Trascender positivamente en esos seres maravillosos que se aman tanto, que daría la vida por ellas”.

Felicidades en este 30 de abril a todos los niños, Dios los bendice abundantemente. Ayudemos a que sean felices.

Reciban un abrazo fraternal, y bendiciones de su amiga Verónica, ¡hasta la próxima amigos!
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