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05 Noviembre 2018 04:00:00
La campaña de Trump y la disruptiva transición de gobierno en México
Por Rodrigo Alpízar Vallejo

Esta semana se define el contexto de la campaña presidencial en Estados Unidos con las denominadas elecciones de medio término, que renuevan la correlación de fuerzas en la Cámara de Representantes (baja) y el Senado en ese país, así como la elección de 36 gubernaturas. Esta elección marca el refrendo a la presidencia de Donald Trump o la consolidación de la oposición a su gobierno.

Los escenarios marcan que los republicanos mantienen la mayoría en el Senado y los demócratas recuperan el control de la Cámara baja, sin embargo, el resultado de la elección es definitorio en el futuro cercano. Y no es para menos, ya que las amenazas humanitarias, ambientales y económicas se materializan con consecuencias abrumadoras.

El neopopulismo marca la agenda con la retórica nacionalista y el neoproteccionismo. El enemigo externo “que abusa de las libertades del camino americano”, “países que se roban nuestros empleos con bajos salarios”, “naciones que reciben grandes cantidades de dinero de cooperación y asistencia humanitaria y que hacen poco o nada por sus aliados y filántropos”.

La retórica y las acciones de gobierno del presidente Trump tocan de frente con México. En la visión del mandatario estadunidense prevalece la consigna del “ajuste de cuentas”, de una corrección estratégica que se constata con mecanismos firmes de negociación.

La conclusión del T-MEC es un ejemplo claro en la construcción de esta agenda permanente que afianza las posturas del presidente Trump, le otorga un logro como negociador y aún así se mantienen las aranceles al acero y al aluminio en una negociación que corre en paralelo y que, de llegar a buenos términos, logrará el acceso del acero y aluminio mexicanos a los mercados de EU y Canadá mediante cuotas.

La construcción del muro es otro factor importante de la campaña permanente de Trump con una retórica que polariza mediante la estigmatización, la discriminación y el odio. La polarización construye un discurso antiinmigrante y, a su vez, la recriminación política y social hacia el Congreso de ese país, por no avanzar en leyes migratorias que refuercen su legalidad.

La caravana migrante agrava el panorama para México y sus autoridades, las cuales prácticamente se encuentran preparando la entrega, ante una contingencia humanitaria que rebasó sus capacidades de contención y atención. La caravana sigue con amplia cobertura mediática, solidaridad de la gente y las localidades que los reciben temporalmente, así como la vigilancia de múltiples actores que dan seguimiento a este proceso social.

Las respuestas del equipo de transición y del propio presidente electo de México han sido diferenciadas. Por un lado, el equipo financiero estableció nexos y comunicación con los mercados. Las negociaciones del T-MEC fueron otro espacio de incidencia directa con un resultado favorable a los intereses de Trump, quien cierra el capítulo con la muerte virtual del TLCAN como lo prometió a su base electoral.

Otro aspecto que destaca de la oferta del equipo de transición y del que todavía se sabe poco, es el programa regional fronterizo que busca generar condiciones de desarrollo en la frontera norte con incentivos fiscales que incluyen el ISR y el IVA, además de un salario mínimo oficial diferenciado del país, en una región que prácticamente se encuentra en condiciones de pleno empleo, con rotación de personal altísima y escasa mano de obra calificada.

El programa regional para el sur-sureste de México es otro frente de políticas públicas para generar condiciones de inversión y empleo en la región más rezagada del país. La lista de proyectos estratégicos es larga, pero no se visualiza todavía cómo se expresarán en el  Presupuesto de Egresos de la Federación. El equipo de transición entonces visualiza una estrategia de progreso en México como amortiguador del proceso migratorio.

De aquí se desprende la propuesta del presidente electo para diseñar, en conjunto con EU, una estrategia de cooperación económica para el desarrollo con los países de Centroamérica que contribuya a mejorar sus condiciones locales de progreso y bienestar, la causa raíz del fenómeno migratorio y la violencia extrema en algunas de esas naciones.

Mientras el presidente Trump sigue y seguirá en campaña, el futuro gobierno de México tendrá, a su vez, que articular su propia agenda. La agenda populista se afianzará con la contrarreforma educativa para dar más espacios de acción a los maestros, eliminar la evaluación y revisar de nueva cuenta el modelo educativo. La agenda neonacionalista se concentrará en el ámbito de los recursos naturales, en especial los hidrocarburos, donde se tienen dos frentes: el de los contratos generados por la reforma energética y el rescate de Pemex.

Independientemente del resultado de las elecciones de medio término en EU, la campaña del presidente Trump es y será permanente. De configurarse el escenario de que gane la mayoría en ambas cámaras, el énfasis de sus acciones se concentrará en las reformas legislativas y cambios de gobierno. En cambio, de enfrentarse al escenario adverso de perder el control del Congreso, su énfasis será más agudo en lo mediático, en el golpeteo a sus adversarios y en una agenda aún más disruptiva de cara a la carrera presidencial, así que no se descarta que MÉXICO se convierta en el villano favorito de nuestro vecino y asimismo el imperialismo yanqui puede ser el mejor motor para una agenda nacionalista del nuevo gobierno. Tiempo al tiempo.
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