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Sylvia Georgina Estrada
Sylvia Georgina Estrada
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24 Julio 2018 04:00:00
La casa ardiendo
Los devotos de Malcolm Lowry, quienes transitaron por las tortuosas sendas de Bajo el Volcán (Era, 1964) para acompañar el andar del entrañable cónsul inglés, sumergido en un frenético delirio de mezcal y desamor, tienen en Un Trueno sobre el Popocatépetl (Era, 2009) otro punto de peregrinaje.

Para algunos, la obra cumbre que Lowry escribió sobre la vida de un alcohólico que visita las cantinas de la Cuernavaca de los años 30 es un texto denso e inintelegible. Para la horda de fanáticos de Bajo el Volcán, esta es un prodigio único, la apuesta por una narrativa que es al mismo tiempo cruenta y voluptuosa, una pieza literaria que cambió los paradigmas de la escritura para elevar a su creador a la categoría de leyenda.

Ni el propio Lowry pudo sacudirse el poder de su máxima novela. Él mismo era un espejo en el que se reflejaban el encanto del alcohol y el desenfreno, que lo orillaron a enrolarse en una persecusión implacable de las palabras, a intentar cazar imágenes para un libro superior, que jamás llegó a las imprentas.

Incluso, el inglés redactó un poema titulado Tras la Publicación de Bajo el Volcán, que muesta la zozobra que le causó la fama como autor consagrado: “El éxito es como un terrible desastre/ peor que tu casa ardiendo, los ruidos del derribo/ cuando las vigas caen cada vez más de prisa./ Mientras tú sigues allí, testigo desesperado de tu condenación”.

Ese afán de autodestrucción, esa convicción aterradora de regalar la vida entera al olvido que rige los últimos pasos del cónsul, se funde en los solariegos jardines de Cuernavaca, en los grandes ojos de Ivonne, su exmujer, en la oscura cavidad del arma que le arrebata la existencia.

Ese himno al eterno perdedor plasmado en Bajo el Volcán no abandonó jamás al escritor norteamericano, quien hizo eco de las obsesiones del cónsul en numerosos poemas que fueron publicados en forma póstuma.

En vida, Lowry fracasó en el intento de publicar su obra poética, tan intensa como su prosa, pero su voz herida fue rescatada para brindar al lector una serie de poemas escritos a lo largo de su vida.

En México, la editorial Era hizo una antología bilingüe que recoge los versos de Lowry bajo el título Un Trueno sobre el Popocatépetl, en alusión a un poema homónimo y a la atracción que el autor sentía por nuestro país. A lo largo de 176 páginas, el lector tiene acceso a los textos que surgieron en México, tal vez retazos del alucinante universo de Bajo el Volcán. Poemas que son en momentos opresivos y dan la sensación de que todo alrededor se desmorona; mientras otros exhiben el propio corazón del autor: agobiado, abatido y, sin embargo, feroz.

“Deja que los demás discutan acerca de mi dolor/ enfurecidos como lobos ante un trozo de carne/ mi dolor es ahora de dominio público”.

Lowry escribió versos que hablan del amor perdido, de la legión de horrores que surge a su paso, de plegarias por los ebrios, de la muerte de un oaxaqueño en una desierta llanura de cactos.

“Dios da bebida a esos borrachos que se despiertan al amanecer/ farfullando sobre las rodillas de Belcebú, totalmente destrozados,/ cuando una vez más espían a través de las ventanas/ acechando el terrible puente cortado del día”.

Sus poemas invocan a Rilke y a Yeats para unirlos en el idioma del dolor humano que surge entre tinta y papel, entre dolor y alcohol.

“Ayúdenme a escribir/ abran las puertas que hasta el orden conducen/ y rescaten mi alma de esta jaula/ en que mi voluntad brama entre rejas”. Versos que, junto a Lowry, recitan en solitario cada uno de sus lectores.
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