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Denise Maerker
Denise Maerker
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24 Enero 2011 04:00:49
La ceguera de Los Pinos
Los asesinatos son sólo la punta del iceberg

Es cierto, hay lugares en el mundo dónde están mucho peor. En Brasil y en Honduras, por ejemplo, el número de homicidios es más alto, pero aquí en sólo dos años se duplicó la cifra. El cambio ha sido súbito y radical.

El periódico ideal del presidente Felipe Calderón, dijo el pasado viernes, se llamaría “Balance” y tendría “en primera plana, de un lado, las noticias buenas, y del otro las malas, y en medio las regulares o neutras”. Y es que para el jefe del Ejecutivo: “A fuerza de puras malas, malas, malas (noticias) estamos haciendo un efecto de demolición del ánimo nacional. Y entonces eso afecta a la gente y afecta a la economía”. En resumen: no crecemos más porque los mexicanos tenemos una percepción errónea de nuestra realidad. “Que la gente que puede comprar, porque sí tiene dinero y sí tiene un ingreso, no compra; si sabe que puede cambiar el refrigerador, no, espérate, no compres; si quiere y ya se le antojó el coche el modelo 11, está padre. No, espérate… está muy fea la cosa; si quiere cambiar casa, se la prometió a la señora, ya tuvieron otro niño, tiene con qué, puede ir al banco a pedir, no mejor ahorita no compro”. ¿Qué pasa en Los Pinos que les cuesta tanto entender de qué está hecho el desánimo de la gente? ¿De verdad creen que existen sólo producto de malos noticieros y periódicos?

Es cierto, hay lugares en el mundo donde las cosas están mucho peor. En Brasil y en Honduras, por ejemplo, el número de homicidios por cada 100 mil habitantes es más alto, así ha sido desde hace años. Aquí, en cambio, en sólo dos años se duplicó el número de homicidios. El cambio ha sido súbito y radical. Y no sólo donde los narcotraficantes se pelean las plazas, sino en prácticamente todo el país. (ver: Fernando Escalante “La muerte tiene permiso”, Revista “Nexos”). Y los asesinatos son sólo la punta del iceberg; detrás vienen todos los otros elementos del deterioro que explican la angustia generalizada: robos de automóviles, extorsiones, asaltos en las carreteras, secuestros, balaceras. En tan sólo dos años, el entorno se ha vuelto en promedio el doble de peligroso: muchas más personas armadas en las calles y en las carreteras, granadas por aquí y por allá, coches con bombas o coches bomba.

Ni siquiera damos cuenta de una décima parte de lo que ocurre. Las balaceras, por ejemplo, ya no ameritan mención en los medios de comunicación; son muchas y en muchos lugares. Pero en Victoria, Tamaulipas, en Xalapa, Veracruz o en Tepic, Nayarit, quienes escuchan las ráfagas encerrados, temiendo que en cualquier momento se metan a sus casas o que los agarren descuidados en las calles, no necesitan de ningún noticiario para tener el ánimo por los suelos. ¿Les quedarán ganas de comprarse un automóvil nuevo? No lo creo, y no obedece a que tengan una percepción equivocada sobre su situación, todo lo contrario.

Quizá en Los Pinos deberían hacer un esfuerzo por buscar explicaciones más complejas ante el miedo y el desánimo de los mexicanos y no caer en el simplismo de echarle la culpa a los medios; es demasiado fácil.
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