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Arturo Guerra LC
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14 Agosto 2016 04:01:57
La chica de Ferriere
A María le faltaban tres meses para cumplir los 13 años. Vivía en Ferriere di Conca, un pueblecillo italiano.

Alessandro tenía unos 20 años, vivía con su padre y le ayudaba en el campo. Su casa compartía cocina y escaleras con la de María.

María vivía su fe muy a fondo.

Alessandro no.

María no tenía enemigos y a todos ofrecía su amistad cristiana sin distinguir a nadie.

Alessandro alimentó una pasión carnal por María. Un par de veces intentó seducirla. María con firmeza le dijo que no, que sería una ofensa al Dios que tanto amaba.

En otra ocasión, Alessandro aprovechó que María estaba sola para intentarlo de nuevo. Al ver la inquebrantable voluntad de María, quiso forzarla. Pero no consiguió nada. La pasión de Alessandro se vistió entonces de odio, y tomando un hierro afilado hirió a María catorce veces en el vientre y en el pecho.

Cinco horas después pudieron trasladar a María al hospital de Nettuno, donde le practicaron una complicada operación sin anestesia.

Poco se podía hacer ya. Sin embargo, la agonía se prolongaba, ante la sorpresa de los médicos.

A Alessandro le apresaron y encerraron a la espera de su juicio.

Finalmente María despertó de su inconsciencia unos breves instantes. Invocó a la Virgen María y sólo pudo decir: “A Alessandro, lo perdono. Y quiero que esté cerca de mí en el Cielo”. María murió. Era el 6 de julio de 1902.

Alessandro fue juzgado y encarcelado.

El 24 de junio de 1950, en la Plaza de San Pedro, el Papa Pío XII canonizó a la chica de Ferriere, Santa María Goretti. Assunta, su anciana madre, en una silla de ruedas, estuvo presente.

Alessandro, murió el 6 de mayo de 1970. Un sacerdote encontró, entre sus pertenencias, una carta cerrada fechada el 5 de mayo de 1961:

Soy un viejo de casi ochenta años, acercándome al final de mi vida. Echando una mirada al pasado, reconozco que en mi juventud tomé un camino falso: el camino del mal que me condujo a la ruina. Veía en la prensa, en los espectáculos y en los malos ejemplos que la mayoría de la gente seguía aquel camino sin pensárselo mucho; y yo tampoco me preocupé. A mi alrededor, tenía yo personas creyentes y practicantes pero no me fijaba en ello, cegado por una horrible fuerza que me conducía a un camino malo. A los veinte años, cometí el delito pasional del que hoy me horrorizo con tan sólo recordarlo.

María Goretti, ahora santa, fue el ángel bueno que la Providencia había puesto delante de mí. Todavía tengo impresas en el corazón sus palabras de reproche y de perdón. Rezó por mí, intercedió por mí, su asesino.

Siguieron treinta años de cárcel. Si no hubiera sido menor de edad, hubiera sido condenado de por vida. Acepté la sentencia que merecía. Resignado expié mi culpa. María fue verdaderamente mi luz, mi protectora: con su ayuda me comporté bien y me esforcé por vivir honestamente una vez que la sociedad me aceptó entre sus miembros. Los hijos de San Francisco, los capuchinos de Le Marche, con caridad seráfica, me han acogido entre ellos, no como siervo, sino como hermano. Con ellos convivo desde 1936.

Y ahora espero sereno el momento de ser admitido a la visión de Dios, de abrazar a mis seres queridos, de estar cerca de mi Ángel protector y de su querida mamá, Assunta.

Ojalá que quienes lean esta carta-testamento mía, saquen la feliz enseñanza de huir del mal, de seguir el bien, siempre, desde niños. Ojalá piensen que la religión con sus preceptos no es una cosa de la que se pueda prescindir sino que es el consuelo verdadero, el único camino seguro en todas las circunstancias, también en las más dolorosas de la vida. ¡Paz y bien! 1

Firmado: Alessandro Serenelli

En medio de un mundo que llama amor al egoísmo... En medio de un mundo que llama liberación a la pasión desenfrenada... En medio de un mundo que llama libertad de expresión a la pornografía... En medio de un mundo que llama sexo seguro a la cerrazón de dos egoísmos al amor fiel y fecundo... En medio de un mundo que, cuando falla ese sexo seguro, llama salud reproductiva a la destrucción de un embrión en el vientre de su madre... En medio de un mundo que llama represión al esfuerzo en la limpieza de corazón... María, una adolescente de casi trece años, es hoy más que nunca capaz de sacudir la conciencia más ebria de hedonismo.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. (Mt. 5,8)

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