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Cristina Orozco
Cristina Orozco
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15 Abril 2017 04:05:00
La Ciudad de Saltillo (I)
Cuando se habla de desarrollo urbano, es común escuchar las características que una ciudad debe tener. Las propuestas modernas hablan de ciudades inteligentes, incluyentes, autosustentables, verdes, digitales y funcionales; pero, realmente, ¿qué es una ciudad?, ¿cómo se forma? ¿cuáles son las necesidades de un ciudadano? Para comprenderlo, echemos un vistazo a la historia, y en particular a la Ciudad de Saltillo en los últimos 37 años.

Como toda ciudad, Saltillo está ligada a su historia, y su proceso de cimentación dependió de su ubicación geográfica, de sus condiciones de suelo, así como de la cultura e ideología de sus habitantes y de su evolución a través de los siglos.

Sabemos que Saltillo se fundó en 1577, por Alberto del Canto, hace 440 años. En 1591 el capitán Francisco de Urdiñola con 70 familias tlaxcaltecas sentó sus reales en el pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala, aledaño a la villa del Santiago de Saltillo.

Las fiestas del Santo Cristo, de San Francisco y la del Cristo del Ojo de Agua, confirman la tradición católica de los saltlllenses. La música, el baile, la venta de productos, las procesiones y celebraciones religiosas son parte de ellas. Se llevan a cabo en el ombligo de la ciudad: entre la Catedral y el Palacio de Gobierno, con danzas de matlachines tlaxcaltecas, música de tambora y violines. En la vieja Villa de Santiago, hoy Saltillo, se sustentó del trabajo de actividades primarias como la agricultura, la ganadería y artesanía textil tlaxcalteca. Tiempo después se afamó con la Feria y con la presencia anual de mercaderes procedentes de otras latitudes.

La Ciudad de Saltillo no es mejor o peor que otras ciudades del país. Durante el siglo 20, como todas las autoridades municipales de la República, la obtención de recursos económicos fue un problema constante. El descuido de Saltillo como ciudad no fue por malos manejos públicos, la pésima urbanización no se debió a la ignorancia de los presidentes municipales, sino a la pobreza del erario. Simplemente, no había dinero. Hoy existe mayor justicia fiscal, aunque la Federación imponga castigo por las crisis financieras, de hecho, las demandas interpuestas desde 1812 por don Miguel Ramos Arizpe, a las Cortes de Cádiz contra el centralismo es tema vigente como el que hoy existe: con el mal manejo de los recursos públicos.

Saltillo en 1980 era una ciudad pequeña. Nunca se supo cuántos eran sus habitantes, pues si venia usted de Monclova había un anuncio que indicaba un número de residentes que no coincidía con los que estaban colocados en las carreteras de México, Torreón, Zacatecas y Monterrey. Eran cuatro las arterias principales de la ciudad y todas de doble sentido: Allende, Aldama, Victoria y Venustiano Carranza, lo que hacía inevitable socializar, pues con tan pocas calles el tráfico era lento sin llegar al agresivo sonido del claxon. Para darnos una idea, Saltillo terminaba al norte, donde hoy se ubica la agencia Ford; al sur, hasta el Mirador y Ojo de Agua; al este, el Panteón de Saltillo junto al cerro del Pueblo y al oeste el Centro de Convenciones.

El crecimiento económico de Saltillo fue lento. A diferencia de hoy, el comercio en 1980 tenía la particularidad de ser un servicio personalizado. En Auto Mercado de las Fuentes, Casa Chapa, Mercería Esmeralda, Las Novedades, Casa Chalita, Platería Taxco y la Zapatería Flores, entre otros comercios, todos eran atendidos por sus propietarios. La única nevería era la Nakasima; había cinco salas de cine: el Cinelena, el Olimpia, el Palacio, el Saltillo y el Florida.

A Saltillo acudía la gente de otras ciudades para descansar, un lugar tranquilo, de cultura y sosiego. Monterrey se consolidaba como una ciudad industrial, grande, de arterias rápidas y pasos a desnivel. Enervaba la violencia de las vialidades de la capital de Nuevo León. En cambio, en Saltillo podías dejar tu auto en cualquier vía, en doble fila, bolearte los zapatos, platicar con el transeúnte, pasar lista en clase y regresar a estacionarte sin problema.

Seguimos platicando de Saltillo en la siguiente entrega…
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