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Cristina Orozco
Cristina Orozco
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22 Abril 2017 04:08:00
La ciudad de Saltillo (II)
Retomo el tema de la semana pasada. La gente venía a Saltillo para disfrutar del clima, era la ciudad que no requería de aire acondicionado, a diferencia de Torreón, Monterrey y Monclova, cuyo clima los abrasa casi todo el año. Por las noches de verano, en Saltillo refrescaba, en invierno y primavera nos sorprendía la neblina, cada otro año nevaba, en los cafés y entre amigos, el estado del tiempo era el tema de conversación, este se escurría describiendo la “candelilla” y con asombro infantil admirábamos la Sierra de Zapalinamé diciendo “¡hay nieve en la sierra!”.

Saltillo sobresale por sus museos, entre ellos el Museo de las Aves, pero el Museo del Desierto es de fama internacional; destacó por el piso de barro “Saltillo Tile” comercializado y exportado por “El Charro“, Jesús Garza Arocha, y por las diversas tradiciones culinarias: el pan de pulque, los dulces de leche, las tortillas de harina, los vinos de mesa, la cajeta y el cabrito, entre otras, pero al hablar del Saltillo de los 80, sin duda alguna, visitantes nacionales y extranjeros, hablan en primerísimo lugar del restaurante La Canasta, fundado el 11 de septiembre de 1965.

Hablar del restaurante La Canasta nos lleva irremediablemente a hablar del Arroz Huérfano, famoso en toda la nación por su nombre y su sabor. Hace muchos años, la señora Graciela Garza Arocha, lo sirvió a quien lo probó y lo bautizó. Roberto Orozco Melo lo narró mejor, dijo:

“…Graciela me invitó a que probara un plato que fue un alarde. Era un arroz bien guisado con trozos de filete, tocino, un toque de curry hindú, almendras tostadas, nueces fritas y otras cosas deliciosas que no quiso detallar. Probé el arroz, de inmediato me sedujo su sabor y antes de que fuera tarde me despaché otra ración, y en una más mientras pensaba: qué derroche de buen gusto, qué delicado sabor, qué condimento… Hablé con emoción: Aunque quizá no te cuadre Graciela, lo voy a decir. ¡Este arroz no tiene madre!... Arroz Huérfano, su nombre le quedó”.

Dicen que ir a España y no visitar un “tablao”, no asistir a una corrida de toros y no beber vino tinto es como no haber ido; dicen que ir a Niza y no nadar en sus playas nudistas es como no haber ido. Una vez más, don Roberto Orozco Melo lo dijo mejor: “Quien estuvo en Saltillo y no comió en La Canasta perdió el tiempo”.

En Saltillo hubo un fenómeno cultural importante, seguramente por el carácter imaginativo, y empeñoso de sus habitantes, durante muchos años se le conoció como La Atenas de México. Hubo una gran inclinación por las diferentes áreas del conocimiento humanístico y artístico: teatro, literatura, pintura, música, danza etcétera. Surgieron grandes representantes de estas artes: el poeta, Manuel Acuña, el ensayista y prosista Julio Torri; los pintores Rubén Herrera y doña Piedad Valerio, sin olvidar a la insigne maestra de teatro que formó a muchas generaciones de actores locales: doña Carmen Aguirre de Fuentes, madre de Armando Fuentes Aguirre, cronista de la ciudad; la gran maestra de ballet Carmen Guerra de Weber; la profesora Cecilia Rodríguez Melo, fundadora del Centro Cultural y de Bellas Artes Santa Anita; los historiadores Jesús Alfonso Arreola Pérez, Arturo Berrueto González y Javier Villarreal Lozano; el historiador y periodista Roberto Orozco Melo; el arquitecto y acuarelista Alfonso Gómez Lara; el gran torero Miguel Espinoza Armillita; el pianista Salvador Neira Zugasti; los actores, Rubén Aguirre Fuentes, Magda Guzmán y Mundo Arizpe Melo; el escritor don Artemio de Valle Arizpe y muchos más que por espacio no puedo mencionar.

La Escuela Normal, la Facultad de Jurisprudencia, el Ateneo Fuente, la Escuela de Agricultura Antonio Narro y el Tecnológico Regional de Saltillo fueron un gran semillero de excelentes profesionistas que con su brillantez lograron transmitir valores cívicos y morales, hoy olvidados desafortunadamente para las nuevas generaciones.

En lo que hoy es el Recinto de Juárez, por la calle del mismo nombre, en pleno Centro Histórico, se hospedó en 1864, en su paso por Saltillo, don Benito Juárez y su familia. En 1977 se transformó en el Colegio Coahuilense de Investigaciones Históricas. En el Recinto existen una sala de Banderas, una sala dedicada a Juárez, una sala de conferencias y una biblioteca. Sus patios son escenario de diversos actos culturales.

En agosto de 1983 se iniciaron los arreglos del Archivo Municipal cuya importancia había sido ignorada por muchos años comenzó el programa de clasificación, ordenamiento, descripción y catalogación de los documentos históricos, contando con el apoyo de la especialista en historia y archivista Martha Rodríguez García y por siete
analistas.

Saltillo tenía que crecer. Había buen clima ambiental, comercial, cultural, empresarial; su ubicación geográfica era un factor fundamental para el desarrollo económico, y, en el sexenio del gobernador Óscar Flores Tapia se gestionó la llegada de General Motors y la Chrysler.

La próxima entrega continuaré con nuestro Saltillo…
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