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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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05 Agosto 2017 04:00:00
La ciudad y los perros
“Leo en El Comercio, el diario que superó todas las formas de la infamia en su campaña contra Ollanta Humala, un editorial escrito con gran moderación y, se diría, con entusiasmo, por la política económica que Humala se propone aplicar en Perú”.

Y si de infamia a infamia y en plan de escandalizarse Vargas Llosa leyera la campaña que a estas horas perpetra, sé lo que digo, la mayoría de los editorialistas mexicanos en contra de Nicolás Maduro, presidente constitucional del hermano pueblo de Venezuela. Si los leyera.

Como para ejemplificar lo dicho (ni un elogio pagado ni un ataque gratuito, mi norma), me di a buscar y encontré el material atroz que ante el estallido del 68 en Tlatelolco exudaban algunos medios de acondicionamiento social, como aquel titulado El Heraldo, y en el que a resultas de la masacre de Tlatelolco el editorialista, antecesor de muchos de los actuales cainitas, clamaba, aspaventero:

“Transformados en opulentos burgueses, algunos montaron una grotesca conspiración golpista para derribar al Gobierno y montar la dictadura marxista. Se estrellaron contra el presidente Díaz Ordaz, a quien apoyó el Ejército. Sólo contaron con la militancia aborregada de la clase social más manipulable por su inexperiencia e inmadurez: algunos estudiantes de universidades dominadas por la caterva intelectualoide del marxismo.

“Utilizaron a su santón y lamebotas castrista (sic): Lázaro Cárdenas, quien montado en el toldo de su auto, en el zócalo, arengó a una masa de gritones para ocupar Palacio Nacional. La respuesta de los motineros enemigos de México: ¡Revolución Sí, Olimpiada No! Pero obreros, campesinos, clases medias y la Nación entera les dieron la espalda.

“El 2 de octubre los traidores lanzaron a las juventudes a su última trampa sangrienta. Su estrategia: provocar a nuestro Ejército, que no cayó en la trampa. Nuestros soldados fueron agredidos por los francotiradores terroristas que previamente se habían escondido en lo alto de los edificios. El Ejército protegió a los civiles que se vieron envueltos en la balacera. El complot traicionero de la antipatria roja fue aplastado y el Ejército salvó a nuestra nación. Si México es libre es gracias a la valerosa y fiel acción del Ejército Mexicano, que afrontó la guerrilla del golpismo extranjerizante, fundado en las férreas y patrióticas voluntades del presidente Díaz Ordaz.

“Al designársele embajador en España, don Gustavo Díaz Ordaz recordó en una entrevista de prensa que si de algo se sentía orgulloso era de su conducta en los trágicos meses del 68, pero más de sus acciones el 2 de octubre. ‘Puse todo en la balanza, mi seguridad, mi nombre, mi honor, mi vida misma, pero al fin salvé a México de haber perdido nuestra libertad’. La conjura comunista fue la gran derrotada. México y sus libertades, los ganadores, gracias a la firmeza patriótica de Díaz Ordaz y nuestro Ejército Nacional. ¡Y que sigan chillando los huérfanos del Kremlin!”.

¿No les parece, mis valedores, que la historia de tal periodismo hoy se repite otra vez?

El periodismo. En 1999 Mario R. Méndez en la revista Por Esto: “Una madrugada me llaman y me dicen: ¿Cuánto te tocó? / ¿Me tocó de qué?  / No había reconocido la voz. / No te hagas, que también tú recibiste tierras en Cancún. / Me empezó a sonar familiar la voz. / ¿Quién habla? Era ‘El Mulixto, o sea Luis Donaldo Colosio, y me entera de que Carlitos M. Navarrete’ recibió 300 hectáreas para guardar silencio absoluto sobre las actividades del narcotráfico en Quintana Roo”.

El periodismo, mi oficio. (Y el rechinar de dientes).
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