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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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10 Noviembre 2016 04:06:00
La conferencia
“La palabra es mitad de quien la habla y mitad de quien la escucha”.

Michel de Montaigne

Tras el triunfo de Donald Trump, el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, y el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, convocaron por Twitter a una conferencia de prensa que se llevaría a cabo ayer a las 7:00 de la mañana. Parecía una idea sensata y oportuna ante un resultado sorprendente y potencialmente negativo para México de las elecciones estadunidenses. Quizá para recalcar su importancia, la conferencia fue convocada en Palacio Nacional.

La medicina, sin embargo, resultó contraproducente. Para empezar, la conferencia no logró empezar a tiempo. A las 7:00 de la mañana sólo había un atril con su micrófono. Tal vez alguien concluyó que dos personajes de esta envergadura no podían compartir atril. El hecho es que, a la hora programada, un equipo de trabajo colocaba febrilmente un segundo atril y hacía pruebas de sonido con un segundo micrófono, todo de último momento, como siempre, a pesar de que mucho se nos dijo que había un plan preparado para un eventual triunfo de Trump. Los problemas de preparación de la conferencia, sin embargo, eran pequeños ante la importancia de escuchar las medidas con las que el Gobierno y el banco central enfrentarían las nuevas circunstancias generadas por la victoria del republicano.

La primera mala señal vino al inicio, cuando se anunció que no se permitirían preguntas. Yo pienso que una conferencia de prensa en la que no hay preguntas no es tal: es un monólogo, o en este caso dos monólogos, de funcionarios que dan la impresión de tener algo que ocultar.

Más adelante quedó claro que los funcionarios no tenían nada concreto que anunciar. Desde el par de atriles, el secretario y el gobernador anunciaron que México tiene una posición de fortaleza y estabilidad económica, que cuenta con 175 mil millones de dólares en reservas internacionales y una línea de crédito del FMI. Nada de esto era nuevo. El gobernador del Banco de México señaló que la Junta de Gobierno revisaría la política monetaria, pero la próxima semana, en su reunión habitual ya programada.

Si alguien pensó que con la conferencia se tranquilizarían los mercados, lo contrario sucedió. El peso se desplomó con rapidez ante lo que se percibió como una falta de respuesta concreta del Gobierno mexicano a las nuevas circunstancias. El tipo de cambio al mayoreo se depreció en unos minutos, de 19.64 a 20.23. El comentario entre los analistas fue que no se convoca a una conferencia de prensa para no anunciar nada. Ya más tarde el peso empezó a fortalecerse otra vez, pero a un nivel significativamente peor que el 18.32 previo a la elección.

Nada puede hacer México ante el triunfo de Donald Trump. Los ciudadanos estadunidenses han seleccionado a su nuevo Presidente y tienen derecho de hacerlo. Los mexicanos debemos mantener políticas que nos permitan prosperar independientemente de lo que ocurra al norte de la frontera.

No podemos pretender que una Presidencia de Trump no nos va a afectar. No será el muro el que lo haga; las cercas nunca han impedido la migración, pero, además, el flujo neto de mexicanos a Estados Unidos ya es negativo. El problema es el Tratado de Libre Comercio, cuya desaparición podría costar millones de empleos en México y la Unión Americana.

No sólo debemos mantener buenas políticas económicas y financieras, también tenemos que comunicarlas mejor. No sería malo que nuestros funcionarios aprendieran cómo y cuándo hacer una conferencia de prensa.

ENCUESTAS

Una vez más fallaron las encuestas preelectorales. El problema no es sólo la mentira de algunos, sino las altas tasas de rechazo. Cuando un número muy elevado de personas se niega a responder, los que aceptan se vuelven una muestra autoseleccionada que ya no es representativa.
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