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Verónica Marroquín
Verónica Marroquín
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04 Noviembre 2018 04:00:00
La costumbre de llevar flores a los difuntos
QUERIDOS AMIGOS: con el gusto de cada domingo los saludo mis lectores, agradecida siempre de que me regalen un momento de su valioso tiempo. Seguramente muchos de ustedes este fin de semana visitaron, o visitarán los panteones para llevarles flores y ofrendas a sus entrañables difuntos, así como en algunos hogares, escuelas, dependencias públicas, plazas y hasta en centros comerciales vemos ya los floridos altares de muertos, tradición mexicana.

En varias partes del mundo lo celebran de distintas maneras, como en Estados Unidos la noche de brujas, el conocido Halloween, igualmente en otros países, como Inglaterra. Pero no me enfocaré en esta tradición del vecino país.

El origen de llevar flores a los difuntos se remota a la antigüedad, estos eran expuestos durante varios días, con el propósito de ser velados y comprobar que no regresarían de la muerte, y como es obvio pensar, el olor era realmente fétido, insoportable, así que los cubrían con todo tipo de flores, y prendían inciensos, para ahuyentar dicho olor terrible del cuerpo en descomposición.

Cabe mencionar que también dejaban los cuerpos varios días para constatar que realmente estuvieran muertos, pues en ocasiones, les daban ataques de catalepsia, que es un estado biológico en el cual la persona yace inmóvil, en aparente muerte y sin signos vitales, cuando en realidad se halla en un estado consciente, el cual puede a su vez variar en intensidad: en ciertos casos el individuo se encuentra en un vago estado de consciencia, pero en el pasado sí se creía que estaban muertos realmente, así que escalofriantemente los enterraban vivos, y al abrir la caja después, al enterrar a algún otro familiar, se daban cuenta de esto, ya que estaba el cuerpo en posición manos arriba queriendo salir y desagarrado las telas que cubrían por dentro la caja, así mismo, los dedos y uñas se notaban con sangre, de la desesperación de encontrarse vivos y enterrados, así como el rostro arañado, pues finalmente iban muriendo realmente pero ahora por asfixia y pánico.

También la frase de “lo salvó la campana” al ponerlos en la caja a los difuntos, les ponían una cuerda en la mano, que daba a una campana que ponían afuera de la caja y una persona estaba al pendiente varios días para que si fuera el caso de estar vivo, accionara la campana y sacarlo inmediatamente. Seguro algunos no sabían de dónde proviene dicha frase. Pues ahora ya lo saben.

Platicando con algunos amigos sobre las creencias, costumbres, y cultura de la muerte, todos tenían sus distintos puntos de vista al respecto, ni bueno ni malo, simplemente que cada uno es libre de creer y pensar sobre la muerte. Comentaban algunos que no les gusta este día y la celebración, a mí en lo particular me encanta esta tradición mexicana y todo lo que conlleva, los altares, las flores, los rituales, y a mi mamá ni se diga, pero sé que le encanta porque la transporta a los días que vivió de niña, que fueron muy felices para ella, lo asocia con algo bello en su vida.

Otra persona lo puede asociar con algo triste y desagradable, y será entendible. Mi abuelita decía que la sepultaran con su esposo mi abuelito Enrique, para que a los dos les lleváramos flores, y no se olvidaran de él.

Ya que había fallecido muchas décadas atrás siendo joven aún. Y por ejemplo, a mí y a mi hermano Jorge y a mí papá, nos encanta llevar a mamá a San Luís Potosí, a que le lleve flores a sus padres y demás familiares, es algo que a ella le agrada. Y nosotros pues queremos verla contenta por supuesto, yo en lo personal, soy de darle flores a mi madre y a quienes amo en vida. Todo es respetable.

Me encanta visitar los altares de muertos, por ejemplo, andar por las calles de Querétaro, que realmente es una bella fiesta por todos lados del Centro, siempre me ha fascinado.

Ver las catrinas que son obras de arte, que me asombra la creatividad de quienes las hacen, mis respetos, aquí en Saltillo, también hay hasta el Museo de la Katrina que los invito a que vayan, pues vale la pena, hasta chocolatito y pan les tocará, y una pequeña obra teatral. A quien le han hecho las típicas calaveras, donde hacen mención de rasgos características del difunto o no necesariamente, a mí me han hecho algunas los compañeros de trabajo y realmente me muero de la risa, hay que tener ingenio para ello.

Lo importante es que no mueran las tradiciones mexicanas de rico colorido, y que creo no dañan a nadie, sino al contrario, que le lleven flores vivo o muerto, pues ya es a gusto de cada persona, a mí en vida regálenme todas las flores que gusten, los tulipanes me encantan. Ya cuando muera no se apuren, con que me recuerden con amor y como alguien que les aportó algo bello en sus vidas yo seguiré feliz donde esté, confío y en eso trabajo día a día, de llegar a estar en los brazos amorosos de Dios, y creyendo que podré por fin abrazar a mi hijito querido, así que para mí no es malo, o tan trágico morir porque mi creencia es que veremos a nuestros seres queridos en otra dimensión de otra manera, a mí me emociona abrazar a los que ya no están aquí, se extrañan, cómo no.

Pero amo abrazar a los que tengo a mi lado ahora, y disfruto el presente. Sobre la muerte, pues no sabemos el día y la hora, ese momento divino cuando llegará o de qué manera, a menos que sea por una enfermedad fatal y sea obvio. Agradecer por los años vividos, agradecer por los momentos maravillosos, y esperar. El gusto de recibir flores en vida o en la muerte no está a discusión.

Abrazos fraternos en vida les mando mis queridos amigos, hasta la próxima, su amiga Verónica, Diosito por delante.


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