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JC Mena Suárez
JC Mena Suárez
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08 Febrero 2018 04:00:00
La crisis del crecimiento
Saltillo enfrenta un reto muy relevante: la crisis del crecimiento, con una población superior a los 800 mil habitantes y de casi un millón de manera conurbada. Este aumento implica diferentes desafíos: infraestructura física y otros elementales, pero hoy deseo ocuparme de uno que cada uno de nosotros vivimos todos los días: la carencia de sitios para estacionarse, incluso en los mismos lugares donde deben existir espacios gratuitos para aparcar el auto.

¿Cuántas vueltas ha dado en el Centro Histórico para hallar un sitio dónde dejar su vehículo? Usted ha batallado cuando llega a una tienda departamental a consumir y no encuentra un lugar porque todos están ocupados por asistentes a un evento oficial o porque una dependencia gubernamental emplea los cajones para los carros institucionales. O porque los vehículos de los burócratas que trabajan en instituciones de Gobierno también usan los aparcamientos para dejar sus autos mientras cubren su horario laboral de ocho o más horas.

El daño económico perpetrado contra los negocios por la invasión de burócratas y otras es de alto impacto negativo para las actividades comerciales. Hasta el momento, ninguna organización gubernamental o empresarial ha dado a conocer los impactos económicos desfavorables para una tienda departamental o comercio pequeño por la invasión de sus estacionamientos.

Todo mundo usa dichos espacios porque se rehúsa a pagar 15 o 20 pesos la hora en un estacionamiento, todo se quiere gratis, pero a la vez se evidencia un problema en la ciudad: un porcentaje importante de la población posee de dos a tres y hasta cuatro autos. Esto es resultado de un deficiente transporte urbano y conurbado, el cual provoca que los tiempos empleados para llegar a los puntos donde se desea acudir sean de más de una hora, cuando en un auto particular son de 15 o 20 minutos.

Así se ocasiona uno de los problemas más graves de la ciudad: un exceso de autos en las calles de Saltillo y en los estacionamientos públicos, con efectos económicos negativos en los centros comerciales, tiendas departamentales y comercios pequeños.

Hasta el momento ninguna autoridad ha decidido poner orden y cuando una empresa decide poner infraestructura para limitar el uso de sus instalaciones, las mismas dependencias gubernamentales actúan de manera represiva para evitar la restricción del espacio, siendo ultratolerantes en perjuicio de los clientes de los negocios.

Una combinación de factores que van del autoritarismo de las instituciones gubernamentales al abuso de los ciudadanos, así como el limitado número de estacionamientos y el deficiente transporte urbano pasa ya una alta factura a los comercios que decidieron usar sus recursos para favorecer a sus clientes y nadie hace nada.
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