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Dalia Reyes
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26 Mayo 2018 04:00:00
La culpa es del autor
Hay autores físicos e intelectuales. Los hay autores de toda clase: Artistas, delincuentes, papás que lo son, respectivamente, de una obra, un crimen o un graciosa personita.

Es autor “el que es causa de alguna cosa, el que la inventa” dice el Diccionario de la Real Academia Española, de ahí mis argumentos para bautizar así a quien crea una gran obra o realiza enorme fechoría.

Busqué por cielo, mar, tierra y restaurantes una definición a propósito de lo anterior: Cocina de autor. En el internet aparecen cosas como estas:
1.- Es la armonía y la estética aplicada en el uso de las materias primas de cada zona o país, lo que rompe con todo lo establecido.

2.- Es la búsqueda de nuevos sabores y nuevas texturas y a su vez, es el rencuentro con sabores ya establecidos en nuestro subconsciente.

3.-Es la madurez creativa de la cocina del último siglo.

Los grandes restaurantes y hoteles de cadena presumen, entre sus servicios para gente VIP, cocina de autor como sinónimo de altos vuelos y hartas estrellas. Y en efecto, es posible encontrar en esos lugares platillos con una presentación impecable, creativa y original, es decir, irrepetible.

Consciente ahora de su definición, paso a comentar lo siguiente: Si a esas vamos, la cocina de autor la encontramos también en nuestra memoria casera, porque no me dirán que las inigualables tortas de papa fabricadas por nuestra madre no eran de autor, y eso lo constatamos al andar por la vida probando otras en busca de ese sabor y vemos con desgano que no es posible encontrarlo.

¿Qué puedo decir del caldito de pollo de doña Mary –que Dios la tenga moliendo cominos con ajo- o el bistec con papas de Malena? No los hay iguales, presentados humeantes, con su salsa martajada. Mismo asunto son las tortillas de maíz hechas por Guadalupe y las donas azucaradas de Carmelita.

Conclusión: yo tengo una nueva definición para la cocina de autor. Se trata de un conjunto de platillos cuyos autores son capaces de agregar sabores tales que nos signan de por vida, ponen en la confección una parte de sus personas, pues es inevitable traerlas a la mente en cuanto la añoranza de su mesa vuelve a hacernos de las suyas.

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