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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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28 Febrero 2017 04:00:00
La danza de los votos
¿Cuántos militantes y simpatizantes del PRI votaron el domingo para elegir a Miguel Riquelme como candidato a gobernador? “Más de 500 mil”, según el comunicado 377 del Comité Directivo Estatal del PRI. “Casi 500 mil”, dice una declaración del líder nacional de ese partido, Enrique Ochoa, difundida por el CEN. Votos más, votos menos, nada altera el resultado de una elección resuelta de antemano. La cifra más consistente, de acuerdo con el número de boletas distribuidas en las mil 500 mesas receptoras (400 mil, dato aportado previamente por Verónica Martínez), es la calculada por la misma presidente del PRI local antes del cierre de la jornada: 375 mil, 50% por encima de la proyección inicial (250 mil) y más aún del medio millón de sufragios celebrado a bombo y platillo.

El PRI debe aclarar cuanto antes la situación, pues lo que era una elección de mero trámite, con un actor principal (Miguel Riquelme) y un figurante (Jesús Berino), puede revertir el efecto deseado: anticipar imaginariamente un triunfo en las elecciones del 4 de junio, y en su lugar aumentar las dudas sobre un resultado positivo para su candidato. Como están las cosas, la impresión es que ni el mismo PRI sabía cuántos votos podía conseguir, y que durante el proceso se ajustaron los números. Pero al final sobraron 100 mil votos o faltó el mismo número de boletas.

Según Verónica Martínez, Riquelme obtuvo el 92% de los votos. Enrique Ochoa, en el comunicado del CEN, le asigna 2 puntos menos. Sin embargo, el margen vuelve a ser irrelevante. El vacío de información mueve a la sospecha. Lo primero que debe establecerse –para saber en realidad cuántos votos entraron a las urnas– es si las boletas estaban numeradas. En el supuesto de que hayan sido exactamente 500 mil, la participación habría sido del 100%. ¿Dónde se emitieron, por casilla y por municipio? El 8 o 10% de votos por Berino ¿eran los previstos o superaron los cálculos? En tal caso, ¿cuál es el mensaje del priismo? ¿Cuántas papeletas se anularon y cuántas se cruzaron por aspirantes marginados del proceso?

Las boletas contabilizadas para Riquelme (digamos 450 mil en números redondos) son las mismas en las que se fija el voto duro del PRI. Sin embargo, el ejercicio puede resultar engañoso, pues no es lo mismo el proceso interno de un partido que una elección constitucional donde la competencia no será con hombres de paja (la única en ese papel será Mary Telma Guajardo, del PRD), sino con figuras competitivas como Guillermo Anaya (PAN), Armando Guadiana (Morena) y Javier Guerrero (independiente).

Las encuestas sobre la intención de voto anticipan una elección cerrada entre Riquelme y Anaya, pero una vez iniciadas las campañas (el 2 de abril) podrá medirse mejor el ánimo de los coahuilenses, insatisfechos con los partidos tradicionales. En la firma del “Pacto Político de Unidad por la Prosperidad del Pueblo y el Renacimiento de México”, el sábado pasado en Saltillo, Andrés Manuel López Obrador insistió que el PRI y el PAN son lo mismo. Esa es la percepción mayoritaria en el país. En las encuestas sobre confianza en las instituciones, los partidos son los peor calificados.

El aspirante presidencial mejor posicionado advierte que la alternancia real en Coahuila y Estado de México la ofrecen Morena y sus candidatos Armando Guadiana y Delfina Gómez. Para el líder tricolor, Enrique Ochoa, con apenas dos visitas a nuestra entidad (AMLO sumó más en menos de una semana), “los mejores PRI” del país son justamente los que dirigen Rubén Moreira y Eruviel Ávila. El 4 de junio se sabrá quién tiene la razón.
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