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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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02 Julio 2018 04:07:00
La democracia mexicana ya es mayor de edad
En una noche histórica y 18 años después de haber dado su primer paso en el 2000, la democracia en México llegó a la edad adulta y comenzó su madurez. Más que el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, con todo y el viraje que representa hacia el primer gobierno de izquierda en la historia política del país, lo que hizo madurar de golpe a esa democracia imperfecta e incipiente que teníamos fue un discurso, también histórico, del candidato perdedor del partido gobernante, José Antonio Meade, que de manera inédita salió tempranamente a aceptar el triunfo del candidato ganador, a quien incluso le deseó “éxito en su gobierno”. Esas simples palabras, nunca antes escuchadas tan temprano en una elección presidencial mexicana, desgranaron el reconocimiento del otro contrincante, Ricardo Anaya, quien también aceptó civilizada y dignamente la derrota, con lo que se abrió la puerta a una nueva era de mayor madurez para nuestro sistema democrático.

La contundencia de los resultados facilitó las muestras de madurez y dignidad de los perdedores y atemperaron también la celebración de los vencedores.

Después de las 8 de la noche, con esos pronunciamientos, se borró cualquier miedo o resquicio de incertidumbre en una noche que muchos anticipaban complicada y tensa. En lugar de eso, lo que se desató después de las 23 horas, cuando Lorenzo Córdova, presidente del INE, confirmó con el “altamente preciso” conteo rápido la tendencia abrumadora que apunta al triunfo del candidato de Morena, fue una auténtica fiesta en las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México y en varias ciudades del país.

Y ya con todo el escenario político e institucional de madurez y estabilidad puesto, AMLO salió a dar su discurso de ganador, siempre después de que hablaran las instituciones, que fue dedicado a todos los mexicanos que ayer no votaron por él y sobre todo a los que votaron en contra de él: “Respeto a todos los que votaron por otros candidatos... Llamo a todos los mexicanos a la reconciliación y a poner por encima de los intereses personales los intereses generales. Mi reconocimiento a los candidatos de los otros partidos por su madurez. Los convoco a trabajar unidos, porque como dijo Vicente Guerrero, la patria es primero”. Y luego vino también el reconocimiento a Peña Nieto y su comportamiento democrático “muy diferente al trato –dijo– que nos dieron otros titulares anteriores del Ejecutivo”, en alusión clara a los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón, que también anoche lo felicitaron vía Twitter por su triunfo.

Un tono moderado, que ya no era el del candidato en campaña ni hablaba de “la mafia del poder” o de las “minorías rapaces”. Un López Obrador que garantizaba que su proyecto de Nación va a instaurar una auténtica democracia porque “no apostamos a construir una dictadura ni abierta ni simulada”. Y que luego les hablaba a los empresarios, esos que lo combatieron e intentaron descarrilarlo o unir a sus contrincantes en su contra: “Garantizamos que habrá libertad empresarial, libertad de expresión, de culto y creencias y que se protegerán todas las libertades constitucionales. Respetaremos la autonomía del Banco de México, en el gobierno habrá disciplina fiscal y financiera; reconoceremos y honraremos los contratos con empresas y particulares. Sobre los contratos de la reforma energética, serán revisados y si encontramos anomalías, iremos al Congreso de la Unión y a tribunales electorales, pero todo lo haremos dentro del marco legal. No habrá confiscación de bienes ni expropiación”, decía el candidato ganador, para alejar los fantasmas tantas veces invocados por sus detractores de Venezuela y el chavismo.

Los otros dos pronunciamientos importantes tuvieron que ver con la “fallida estrategia de seguridad” que ofreció revisar con la conformación de un grupo de la ONU y defensores de derechos humanos que empezarán a diseñar un “Plan de reconciliación y paz para México”, además de declararse a favor del mando único policial. Y en política exterior, en contra de lo observado en los gobiernos de Fox, Calderón y Peña, ofreció volver a los principios tradicionales de la Doctrina Estrada, que diera reconocimiento y prestigio a México en la diplomacia mundial: “No intervención, autodeterminación de los pueblos y solución pacífica de conflictos”. Con Estados Unidos, dijo, habrá “relación de amistad y cooperación en el desarrollo, siempre fincada en la defensa de los migrantes”.

Pasaba la medianoche y en el Zócalo seguía la fiesta. La jornada histórica se negaba a terminar y la democracia, que en una noche maduró de golpe, quería amanecerse. Y a futuro, la incógnita del cambio que comenzó este 1 de julio es ¿será positivo o será regresivo y hacia dónde irá? Y resonando en los edificios que rodean la Plaza de la Constitución, la nueva promesa: “No les voy a fallar”.
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