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Héctor Horacio Dávila
Héctor Horacio Dávila
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07 Febrero 2018 04:00:00
La deuda de México
No estamos hablando de la deuda estatal o de los municipios, sino de la deuda que el Gobierno federal nos está dejando a los 126 millones de mexicanos que tarde o temprano tendremos que pagar. Cosa curiosa: el INEGI encontró un billón de pesos y esto lo hace para dar números alegres y bajar la deuda, que ya sobrepasa el 50% del Producto Interno Bruto (PIB). Ahora resulta que solamente estamos endeudados en 46%, que también es mucho. Esto quiere decir que ya rebasamos los 10 billones de pesos y estamos en 10.88 billones, esto es en deuda que se debe del Gobierno, el Seguro Social, Pemex y otros entes.

Pero todos los mexicanos nos preguntamos: ¿Dónde quedó? En menos de seis años se endeudaron 20% más y no vemos por ningún lado infraestructura como puertos, carreteras, guarderías, hospitales, etcétera. Lo que sí vemos es un gasto social tremendo y aún así no han podido sacar a la gente de la pobreza.

Eso me recuerda a lo que una vez me dijeron mi señora madre y mi abuela: “No hay que dar el pescado, sino hay que enseñar a pescar”.

¿Dar el pescado o enseñar a pescar? Cuando una institución decide tomar muy en serio su responsabilidad social dentro de una sociedad con marcadas carencias económicas como la nuestra, por lo general hay dos formas de canalizar los recursos: la primera es la asistencial y la segunda es la promoción del desarrollo humano y la mejora de oportunidades. Por asistencialismo se entiende el auxilio a una necesidad inmediata, con un impacto mediático, como dar subsidios en efectivo o despensas. En cambio, cuando hablamos de desarrollo humano e igualdad de oportunidades, el objetivo es “promover” un cambio profundo -en capacidades, infraestructura, conocimiento, etcétera- que contribuya a una transformación positiva, como construir una escuela o dar capacitación para el trabajo.

La diferencia radica, entonces, en que en la primera forma hay un propósito de ayudar a subsanar una emergencia o una necesidad inmediata sin transformar las condiciones que la provocan, mientras en la otra se trata de ayudar a transformar la situación que la origina, es decir, trabajar no sólo sobre los efectos, sino sobre las causas del problema. Es por eso que nuestro país sigue entrampado en esa clase media que quiere salir y que está dispuesta a sacrificar más para no bajar de esa tan costosa clase media que tanto cuesta: escuelas, hospitales, tratamientos. Es más caro vivir en la clase media que en la opulencia o en la clase baja, ya que esta es la que mantiene al país a flote.

Nuestro señor Presidente no pudo con las finanzas ni con el país y ello se vio el año pasado, cuando la inflación oficial fue de 6.77%, pero la adyacente fue superior a 10%, que es la que se maneja en el mercado. Por su parte, Trump ha hecho su trabajo a su manera: sólo en enero creó más de 200 mil puestos de trabajo en Estados Unidos y la tasa de desempleo bajó a 4.1 por ciento. Él sabe que cuando la tasa de desempleo es mayor a 5% es muy difícil que se pueda reelegir, es por eso que también hizo un rebaje de 10% a los impuestos de las corporaciones, de 30 a 20%, lo cual ha traído crecimiento en todos los sectores, y verán que en los próximos dos años también crecerá el área de manufactura, ya que en esta área los mínimos por hora son de 26.74 dólares.

¿Qué tenemos que hacer? Invertir en infraestructura que haga más fácil la vida de todos los mexicanos, como también invertir en el sector educativo que es el futuro de México y no olvidemos la brecha de la innovación para poder dejar de ser un país dependiente de tecnologías. Hay mucho por hacer y lo primero que debemos hacer es amarrarles las manos al Presidente y a los congresistas para no endeudarnos más de lo debido. ¿Y ustedes qué opinan, mis queridos seis lectores?
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