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David Boone de la Garza
David Boone de la Garza
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07 Marzo 2017 04:00:00
‘La dignidad de las mujeres’ va mucho más allá de tenerla
“Estas conductas sin dignidad son impuestas a las mujeres por la tiranía de algunos hombres”. Es Simone de Beauvoir, en 1975. Se refiere a las actividades históricamente asignadas, de modo injusto (por esencialmente irracional), a las mujeres; en específico, en cuanto a la exclusividad en los cuidados del hogar y la educación de los hijos, en general, su sometimiento a la “autoridad” de los hombres (y de las sociedades).

El 8 de marzo ha sido designado como Día Internacional de la Mujer. El objeto de que exista una fecha dedicada a ellas no es para festejarlas (lo que, por supuesto, jamás será ocioso), tampoco para conmemorar algún acontecimiento histórico en particular, aunque sí hubo varios que justificaron esta fecha y que la hicieron tan significativa y trascendente. Más bien el origen y la causa de que, por más de 100 años, se haya mantenido en el calendario este día internacional es, como en otros temas, la necesidad de fomentar el entendimiento y fortalecer la conciencia acerca del valor de la mujer, su dignidad y las manifestaciones de esta.

Para este año, Naciones Unidas ha determinado que el tema es “Las mujeres en un mundo laboral en transformación: hacia un planeta 50-50 en 2030”. La exclusión, discriminación y el maltrato laboral que afecta a las mujeres es un problema grave cuya solución nos corresponde a todas las personas. El llamado de la ONU a las sociedades del mundo y sus gobiernos, es a cumplir una serie de compromisos previamente pactados en materia de igualdad de género, empoderamiento y derechos humanos de las mujeres.

Tales compromisos se sintetizan en los objetivos clave trazados en la Agenda 2030. Entre estos se encuentran: “poner fin a todas las formas de discriminación contra todas las mujeres y las niñas en todo el mundo”, “eliminar todas las formas de violencia contra todas las mujeres y las niñas en los ámbitos público y privado, incluidas la trata y la explotación sexual y otros tipos de explotación”, y “eliminar todas las prácticas nocivas, como el matrimonio infantil, precoz y forzado y la mutilación genital femenina”.

Desterrar estas prácticas es básico para asegurar a las mujeres el respeto pleno de su dignidad. Hablar de la dignidad de las mujeres no es hacerlo de un rasgo o de una característica abstracta, por el contrario, es hablar de cuestiones tan concretas como las que más influyen en su vida diaria; es hablar del reconocimiento de derechos humanos y de la garantía de la existencia de las condiciones para que puedan ejercerlos.

Hugo Ramírez nos recuerda que, partiendo de la realidad de que todos los seres humanos -todos, sin importar su sexo, género ni orientación sexual- poseen idéntico valor, “el objeto de los derechos humanos será la persona en cuanto su dignidad, sus manifestaciones básicas y, de alguna manera, las condiciones necesarias para que esta se realice”. Este profesor de derechos humanos advierte que “la dignidad nunca se da ‘químicamente pura’, sino que se descubre, expresa y realiza”. En efecto, “el objeto de los derechos humanos será todo aquello que manifieste, proteja y permita realizar la vocación a la dignidad de la persona”.

Es fundamental no perder de vista que “la dignidad de las mujeres” va mucho más allá del hecho de admitir que la tienen. Implica identificar, no perder de vista e influir positivamente en aquellos aspectos y situaciones de su vida en donde se manifiesta tal dignidad, como algo tangible y cotidiano, indisoluble a ellas. Hugo Ramírez comparte un catálogo de Marta Nussbaum con las características de la condición humana que permiten tener una vida digna: vida; salud corporal; integridad corporal; sentir, imaginación y capacidad de razonamiento; emociones; razonamiento práctico; afiliación (tanto para vivir e interactuar con otros, como para el auto-respeto y no ser humillados); otras especies (para vivir adecuadamente en relación con la naturaleza); juego, y control sobre nuestro entorno. Asimismo, Ramírez incluye como ámbitos de alto impacto en la dignidad de las personas el de los oficios (rol social que implica una tarea en la sociedad) y el de la cultura (como modelo de conducta personal y colectiva dignas que generan identidad objetiva).

Con respecto a la convocatoria de Naciones Unidas a transformar el mundo laboral para asegurar la efectividad de las libertades de las mujeres y encaminarnos hacia un mundo con mayor igualdad sustantiva, es importante conocer los objetivos en la materia contenidos en el informe El Progreso de las Mujeres en el Mundo 2015-2016 (ONU Mujeres, 2016). Aquí seis básicos: 1. Trabajo bien remunerado compatible con una responsabilidad compartida en cuanto al trabajo no remunerado (el del hogar); 2. Que les permita tiempo para el ocio y el aprendizaje, así como ingresos para un nivel de vida adecuado; 3. Incremento de la participación de las mujeres en la población activa; 4. Trabajos seguros, con protección y bien remunerados; 5. Homologación de los ingresos por el trabajo realizado, y 6. Oportunidades educativas (de calidad) igualitarias. De ello depende en mucho que las mujeres tengan o no una vida con dignidad.
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