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Federico Muller
Federico Muller
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04 Noviembre 2016 03:00:00
La economía financiera y la real
Desde hace varias décadas, la economía financiera (entendida como la administración de títulos, bonos, certificados, acciones, productos bancarios y cualquier otro tipo de papeles financieros que expresen un valor no necesariamente fundamentado en el precio de las mercancías o servicios, sino en variables movidas por factores más emotivos que racionales, como expectativas, creencias, presentimientos y un largo etcétera) ha venido influyendo en la economía real, es decir, aquella que se centra en el estudio de la oferta y demanda de los bienes tangibles, que cotidianamente son producidos con trabajo, capital y organización, además de ser comercializados y consumidos por la población de una región o país.

Aunque desde que surgió el sistema capitalista siempre ha existido una relación directa entre la economía financiera y la real, para las sociedades modernas no es posible sustraerse de la economía monetaria, que facilita las relaciones económicas y financieras.

En la actualidad, y gracias a la globalización, la interdependencia entre ambas ramas de estudio se ha estrechado en forma vertiginosa y peligrosa. Para los inversionistas, ya no sólo es la tasa de interés la que los guía a determinar si la inversión es factible o no, también intervienen otras variables de carácter más especulativo. Veamos algunos ejemplos.

El mercado de futuros y la economía real. El precio de las materias primas o commodities no solamente se determina por la oferta y demanda del producto, sino que las mismas mercancías se convierten en activos financieros cuando se colocan en los mercados de futuros, cuyos valores dependen de las expectativas que se tengan sobre el desempeño de su futuro a corto y mediano plazo, sin importar mucho sus precios de mercado.

Verbigracia, el precio de la tonelada de café o maíz, independientemente de su abundancia o escasez, se regirá por las “apuestas” que hagan los “inversionistas”, que generalmente desconocen de agricultura y poco les interesan las vicisitudes que pasa el agricultor para “sacar” las cosechas. En ese sentido, la economía real se convierte en un “pretexto” para “jugar” a las especulaciones.

El mercado de productos como colateral en la obtención de créditos bancarios. Recientemente, en los países desarrollados las bolsas de productos básicos adquirieron una nueva dinámica, al solicitar como garantía para el otorgamiento de préstamos a los inversores los productos básicos en cualquiera de sus modalidades (cultivos, ganado, metales…). Según datos de la Cepal, en el periodo de 1998 a 2012 el número de contratos en esas bolsas se incrementó de 27 millones a 161 millones en los mercados de futuros.

El proceso de financiarización. Lo anteriormente expuesto se puede resumir en lo que han llamado financiarización, proceso que implica una mayor presencia del sector financiero en las actividades y variables de la economía real, desbancando, o quizá complementando, a los fundamentales de la economía de mercado, sustentados en la oferta y demanda de bienes y servicios para determinar sus niveles de producción y precios.

La brecha entre los volúmenes de transacción de la economía financiera con respecto a la real, es cada día mayor, dando lugar a “mucha liquidez y poca demanda efectiva”.

Quizá eso explique las ganancias exorbitantes de la banca comercial internacional, en especial la afincada en México.
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