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Armando Luna Canales
Armando Luna Canales
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28 Diciembre 2016 04:00:00
La extraña pareja
Así titula Gloria Serra su opinión sobre el rompimiento entre José María Aznar y Mariano Rajoy. Coincido en que el problema llega porque Aznar no se da cuenta del crecimiento de Rajoy, del respeto que en estos años ha conseguido al interior del Partido Popular y sobre todo de cómo les mantuvo la Presidencia del Gobierno en el momento más complejo.

Mientras tanto, Aznar se jubiló pronto, por eso es un expresidente joven, con demasiadas ganas de ayudar. En resumen, por más aprecio que pudiera tener entre su gente, el que manda es otro.

Me parece oportuna la conclusión en cuanto a que es un error. Que alejarse de una institución de poder como es el partido que lo llevó a la Presidencia empequeñece a Aznar y lo aleja de la protección.

Fenómeno recurrente este de los rompimientos en la política. Traición para algunos, simple negación para otros. Jeambar y Roucaute nos explican claramente en Elogio de la Traición cómo estos juegos de negación y rectificaciones son un mecanismo necesario en una democracia sana.

La inmovilidad es enemiga del progreso y el desarrollo, la negación implica en buena medida el reconocer que la sociedad cambia, que busca nuevas soluciones y que esto obliga en no pocas ocasiones a romper con el pasado, con los antecesores e incluso con los partidos.

Cientos de ejemplos hay en los libros clásicos y en la historia reciente. Hoy son Rajoy y Aznar en España, pero también en Francia vemos cómo Valls le compite la Presidencia a su correligionario y actual presidente Francois Hollande. Como en su momento sucedió a Chirac y Mitterrand o a Gorbachov en Rusia. En el mundo es algo del diario, desconozco el motivo, pero los mexicanos aún nos sorprendemos bastante.

Cargamos a la negación con un enorme sentido peyorativo. El sentido que damos a la lealtad se confunde con la inmovilidad, único enemigo verdadero de una sociedad pujante y dinámica.

La extraña pareja que hoy representan Aznar y Rajoy no lleva más que a recordar lo que en su momento hizo Aznar a Fraga. Sorprenderse de una negación en política y denunciar una traición no es más que ignorar la regla básica del juego, o en su defecto esconde las ganas de frenar a la sociedad, cuya única constante en la historia es la movilidad.
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