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Vicente Bello
Vicente Bello
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27 Junio 2018 04:00:00
La farsa (otra vez) del Congreso mexicano
El PRI dio un viraje súbito ayer al timón de la Comisión Permanente: No incluyó en el orden del día el tema del presunto lavado de dinero de Ricardo Anaya. ¿Qué hizo que el PRI echara para atrás la decisión de airear al candidato presidencial panista, en lo que ya es la recta final de las campañas presidenciales?

En el pasillerío del Senado, sede de la Permanente, un dato hacía hervir la atmósfera legislativa: Según el diario Reforma, este domingo reciente se habrían reunido Carlos Salinas de Gortari y Enrique Peña Nieto en la casa del expresidente de la República. ¿De qué habrían hablado Peña y Salinas?, era una pregunta que iba y venía a través de los territorios del Poder Legislativo como un viento ardiente, que insuflaba comentarios, preguntas. Rumores.

¿Es que acaso ya no se pelearán panistas y priístas en estos tres últimos días, como han venido mordiéndose desde que comenzó la campaña presidencial? Los pasillos, patios y recintos del Senado sólo eran eso: recodos donde los murmullos reverberaban hasta convertirse en ecos que se propalaban hacia todo el país.

En lugar de pelearse entre ellos, el PRI y PAN se reunieron en un punto de convergencia y se pusieron a dar de golpes a Morena, cuando ambos –y reforzados por el PRD, Panal, MC y PVEM- empujaron hacia la aprobación de un punto de acuerdo en el que la Permanente exhortaba a la Fiscalía General y Auditoría Superior del estado de Jalisco  que investiguen a Carlos Lomelí Bolaños, candidato de Morena al Gobierno del Estado, “por su presunta participación en el desvío de recursos y la venta de medicamentos a sobreprecio al Instituto de Pensiones del estado de Jalisco”.

En realidad lo que proyectaban priístas y panistas era el miedo a perder Jalisco.

El Pleno de la Comisión Permanente –bajo el control del PRI y PAN-  tampoco hizo mención alguna sobre el proceso electoral.

Los legisladores de Morena no se plantearon incluir en el orden del día  pronunciamientos sobre hechos de perfil delincuencial, en torno del proceso de marras.

Nada dijo el Pleno de la Permanente sobre el robo de 11 mil boletas electorales en Tabasco; tampoco nada dijo sobre la actitud groseramente pasiva del INE, sobre las acusaciones de uso de recursos de procedencia desconocida en la compra de votos por parte del PRI.

Tampoco dijo nada ayer sobre la tarjeta que ofrece Ricardo Anaya, de entregar 1,500 pesos a cada mexicano, si él gana. Una tarjeta de intención idéntica a la que prometió el PRI en el estado de México, en la elección estatal del año pasado, que tanto escozor causó en el PAN, sobre todo en Coahuila.

Para los diputados y senadores que conforman la Comisión Permanente tampoco les fue lo suficientemente importante hablar de este conjunto de hechos que la oposición ha dado en llamar guerra sucia.  

Tampoco opinaron nada sobre la pretensión reiterada del PRI y PAN de engañar a la población mediante el uso de supuestas encuestas, que publican en diarios capitalinos y que éstos, para deslindarse del golpe bajo, advierten que no es información, sino propaganda, bajo la figura de inserción pagada.

En todos estos golpes, el destinatario es Andrés Manuel López Obrador. Vengan del PAN o vengan del PRI.

Tampoco, para la Comisión Permanente, la detención ayer de dos sujetos que cargaban pacas de billetes que sumaban 20 millones de pesos, fue motivo para airearlo en la sesión. Máxime cuando dichos sujetos confesaron a la policía capitalina que el cargamento de marras lo iban a entregar al PRI nacional, en Insurgentes Norte.

O, tampoco, fue motivo para PAN y PRI hablar de los presidentes del PRI en funciones de las delegaciones Miguel Hidalgo, Álvaro Obregón, Tlalpan y Cuajimalpa, que han renunciado en bola a su militancia para adherirse a Morena, en esto que es el último tramo de las elecciones a presidente de la República, a diputados federales, senadores, y otras locales como es la Jefatura del gobierno de la Ciudad de México, varias gubernaturas como la de Veracruz, y presidencias municipales y diputados locales. Todos, hasta la suma de casi 3400 puestos de elección popular en todo el país.  

El pleno de la Comisión Permanente tampoco quiso que se hicieran comentarios sobre la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa Isidro Burgos, cuya efeméride infausta y terrible ayer cumplió cuatro años.

Diputados y senadores también se hicieron los sordos al clamor generalizado, en todo el país, de cómo denunciar y parar una maquinaria priísta que no ha renunciado a robarse la presidencia de la República mediante un fraude.

Un fraude con ramificaciones todavía no imaginadas del todo, aun cuando ya se presentaron ante el INE múltiples denuncian del robo de boletas electorales, de la compra de votos por adelantado, de promesas envilecidas como la que hizo Anaya, con la que reitera su falta de respeto a la gente buscando su prostitución electoral.
 
Un fraude engrasado con millones de pesos, como los 20 millones que ayer incautaron en Ciudad de México para el PRI, de procedencia oscura. Oscura porque no necesariamente provendrán de las partidas presupuestales que a cada partido le corresponden.

Ayer asesinaron a dos candidatos a diputaciones y presidencias municipales de Oaxaca. Y sin embargo, para el Pleno de la Comisión Permanente, este hecho inédito en el país –de la ejecución de 123 políticos en los últimos siete meses, 47 de los cuales fueron participantes en este proceso electoral como candidatos- tampoco fue motivo suficiente para airearlo en tribuna.
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