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David Boone de la Garza
David Boone de la Garza
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30 Mayo 2017 04:00:00
La felicidad está escondida en la sala de espera
El éxito es el resultado feliz de algo, así, literal. Hablar de éxito es entonces hablar de felicidad. Y referirse a la felicidad, reflexionar sobre ella, jamás tiene desperdicio. No lo tiene porque al final de cuentas ser feliz, tener felicidad, es el máximo anhelo humano. Tanto, que hasta existe un país llamado Bután en donde su producto interno bruto ha sido desplazado por otro indicador: la felicidad interior bruta, determinada por la felicidad de sus habitantes.

Como para muchas personas, para Eduardo Punset, autor del libro El Viaje a la Vida, la felicidad no es un lugar al que se llega a través de un camino, sino una forma de transitar por ese camino llamado vida: “He llegado a la conclusión de que la felicidad está escondida en la sala de espera de la felicidad”, confesó.

En un mundo cada vez más competitivo y despiadado, en el que prácticamente priva la ley de la selva, que ha alcanzado niveles de perfeccionamiento material (más no espiritual) y sofisticación parcial muy elevados, en donde “los márgenes de error” se reducen día con día, y en el que se ha decidido medir el éxito a partir, sobre todo, de la riqueza que se acumula, el estatus social que se tiene y los cargos que se ocupan, es vital refrescar la memoria y recordar las cosas esenciales de la vida.

Actualmente los cambios se suceden con mayor rapidez que antes. Cada vez son más, más variados y complejos los fenómenos que experimentan las sociedades. De esa misma forma (y por lo mismo), se han acentuado la incertidumbre y el estrés en las personas, muchas de las cuales, en virtud de la “mala suerte” de no disponer de los medios y las condiciones para obtener réditos de esas transformaciones, suelen, colocadas injustamente al margen del desarrollo, padecer episodios (que en ocasiones se prolongan a lo largo de toda una vida) de frustración, decepción y tristeza. A ello se debe en mucho el aumento de la violencia y, seguramente, el incremento de los suicidios (de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, cada año se suicidan casi un millón de personas y en los últimos 45 años las tasas de suicidio han aumentado en un 60 por ciento).

Indudablemente la humanidad ha evolucionado en muchos renglones, pero en otros no. En su ensayo sobre la Lógica fluida, Edward de Bono da cuenta de una condición humana que no ha sido bien asimilada y dominada: “existe una cierta paradoja en el hecho de que la mente sea suficientemente capaz de reconocer cosas, y sin embargo también muy deficiente para darse cuenta de las cosas”. Así es.

Los humanos reconocen con facilidad situaciones justas e injustas, las saben distinguir; casi en automático diferencian lo que está bien de lo que está mal. Empero, algo sucede que, al momento de actuar, con frecuencia carecen de congruencia; poseen conocimiento, más no necesariamente conciencia.

Ejercitar el pensamiento con respecto a la auto identificación y empatía, redescubrir las cosas realmente importantes de la vida, medir a cada una de ellas en su justa dimensión y darles el peso que realmente les corresponde, es vital para alcanzar mayores niveles de paz, armonía y felicidad, para tener éxito.

Algo sustancial en ese sentido es comprender y ayudar a otras personas a que comprendan que el fracaso siempre es relativo, temporal y depende de cada una que trascienda o no, así como que, frente a ello, la vida siempre ofrece la inagotable y maravillosa oportunidad de comenzar de nuevo. Incluso las historias de éxito suelen ser más paradigmáticas y apreciadas entre más fracasos las hayan precedido.

En el proceso hacia el éxito basado en la felicidad, el optimismo es primordial. Punset nos recuerda que “lo que nos hace felices es pensar que vamos a ser felices”. El optimista no ve al fracaso como la ruina, es tal su esperanza que lo percibe como una nueva oportunidad para cumplir sus metas, y para hacerlo de mejor manera, con resultados más efectivos y consistentes.

Con una visión amplia, Stephen R. Covey comparte lo que identifica como las 12 palancas del éxito, y que consisten básicamente en un conjunto de valores, los que, en la medida en que se practican, pueden elevar el grado de felicidad: la palanca de la integridad, de la contribución, de la prioridad, del sacrificio, del servicio, de la responsabilidad, de la lealtad, de la reciprocidad, de la diversidad, del aprendizaje, de la renovación y la de la enseñanza.

Para accionarlas acertadamente, según Covey, lo primero que se requiere es cambiar los paradigmas, es decir, los ejemplos, referentes y esquemas que se tienen de la vida y de cada uno de sus ámbitos, lo cual es mucho más potente que intentar cambiar la conducta o la actitud.

De acuerdo con este experto, es necesario reflexionar y renovar las cuatro facetas de la naturaleza humana: la física, la mental, la social-emocional y la espiritual –encontrar la paz y una nueva seguridad en nuestras capacidades no sólo es posible, sino esencial–. En efecto, se requiere fijar nuevas prioridades diarias, asumirlas y cumplirlas mediante la persistencia, la seguridad y la paciencia.
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