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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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19 Febrero 2015 05:08:36
La fibra ideológica… o los ratones que eligen gatos
Existe una vieja fábula que refiere una sociedad de ratones gobernada por un gato negro. El gobernante, tirano en fin, era especialmente cruel y abusivo con sus súbditos, hasta que los hartó. Se registró una especie de revolución que, triunfante, permitió a los ratones sacudirse el yugo del gato negro para empoderar, ahora, a un gato blanco. El chiste, dirían algunos, se cuenta solo.

Y eso es más o menos lo que sucede en México bajo el yugo de la partidocracia: desde hace lustros en las boletas electorales aparecen los rostros de puros gatos.

Sin embargo, la condición actual de franca crisis del sistema (de representación, de legitimidad), no es histórica. Es una condición que emerge luego de que la “oposición” se probara en el ácido de la administración de erario público: Nadie pasó.

El académico y analista político Lorenzo Meyer dice que el PRD “se corrompió muy rápido; quizá porque no había fibra ideológica, sino nada más ganas de encontrar un puesto… simplemente no pudo (en el DF) superar la tentación del dinero y la corrupción, y de tener puestos administrativos, de ser parte de la burocracia…”

Exactamente lo mismo le pasó al PAN. En cuestión de meses se transfiguró, pasó de ser una excelente oposición a un pésimo gobierno. Quienes accedieron a diversos puestos de elección popular, empezando con Vicente Fox y luego con Felipe Calderón, no pudieron sustraerse a la tentación del dinero, de la corrupción y decantaron su oferta de cambio, a golpe de torpeza y omisiones, hasta convertirla en un continuismo de la peor ralea.

Si concedemos la razón a Lorenzo Meyer, lo que sucedió es que simplemente los personajes que administran los partidos políticos y que en su suma integran la partidocracia, carecen de fibra ideológica. En el fondo y en los hechos, donde realmente importa, no son de derecha ni de izquierda, ni tienen una visión clara de lo que se debe hacer, desde el poder, en lo social, lo económico, lo cultural…

Y ese es el problema, la clase política en su conjunto no es congruente, ni siquiera con las plataformas de acción que se “defienden” acaloradamente en los tiempos de campaña, pero que se olvidan en el instante mismo en que los personajes en turno rinden protesta. Son gatos, con naturaleza de gatos, que se disfrazan de ratones para pedir el voto, pero nada más.

La trampa en la que permanecemos, como sociedad, es que el sistema está diseñado para que sean gatos, y sólo gatos, los que tengan opciones reales de acceder a los puestos de elección popular. Entonces somos como en la fábula, ratones a merced del felino en turno.

¿Y Morena? Bueno, pues un desesperado es capaz de agarrar con la mano un clavo ardiendo.

La opción que encabeza Andrés Manuel López Obrador es la única que no ha pasado la prueba del ácido que significa dejar la trinchera de la oposición para convertirse en gobierno, aunque hay quienes recuerdan el paso del tabasqueño por el DF, los personajes de los cuales se rodeó y entonces se abren las dudas. Quién sabe, tal vez si dejara por fin el maniqueísmo retórico, el discurso polarizante y se alejara de lo etéreo del “pueblo bueno”…

A propósito de la crisis desatada en Argentina por la sospechosa muerte del fiscal Alejandro Nisman, el escritor y periodista Miguel Bonasso dijo que “o los argentinos tenemos el coraje cívico de cambiar una democracia representativa que ha conducido a la conformación de una clase política mafiosa, o nos vamos al diablo”.

Se dice fácil, pero nada más complicado: O los mexicanos encontramos mecanismos pacíficos para combatir y vencer a la partidocracia, o nos vamos al diablo…
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