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Dalia Reyes
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21 Agosto 2018 04:00:00
La gran boca
La boca femenina es un icono libertario enarbolado en la lucha milenaria en pro de sabernos poseedoras de cada trozo anatómico con el cual fuimos dotadas. La cuestión es que ese anarbolamiento ha pasado por demasiadas esclavitudes labiales que ya una no sabe si es la boca ajena o la propia.

Pintar los labios fue una marca de estatus. A las mujeres se las buscaba con tez de porcelana, así que el rojo en la boca extremaba la blancura fingida con polvo de arroz; el color natural que solo lograban algunas campesinas quemadas al sol, era mal visto, “por imperfecto”.

La sensualidad femenina exigida por la sociedad para quienes no están dispuestas a vestir santos o a desvestir solo a uno, exige una apariencia voluptuosa, si no de pies cabeza, si de dientes para afuera. Los labios turgentes resultan sello de garantía para la lascivia, y es entonces cuando aparece el Botox untado, trasfundido, inyectado; cualquiera de sus formas remite a una sesión dolorosa a donde la dignidad tiene el acceso restringido.

El labial de chile tuvo propósitos similares: Provocar el escozor en parte tan sensible a fin de aumentar tamaños con el propósito claro de satisfacer a terceros. Al fin y al cabo, este hito histórico bucal se ha fundado en el servicio al otro.

El delineado permanente es una tortura aceptada bajo el influjo convincente de que una mujer sin maquillar es el mejor argumento de divorcio, pues encontrarse al amanecer con sus talentos naturales por alguna diabólica razón se volvió reprochable para las damas, pues a los hombres sus humores matutinos los tienen sin cuidado.

Depilarse el bozo también está en el listado de exigencias para una boca apetecible. Las cremas irritantes o la cera caliente son siempre un recordatorio de cuan esclavas seguimos siendo para el mundo; el resultado es que la prisa, el descuido o la depilación bajo protesta nos deje con marcas constantes, y nos escuece de tal modo que ciertos días del mes alcanzamos acrecentamientos suficientes para la sonrisa del Guasón.

Es menester que los labios no brillen, porque no está de moda; que el labial sea indeleble, para que no manche; que el colorete tenga sabores frutales, así al otro le sabe bien. Quisiera saber cuántas generaciones faltan para poder decir: ¡Esta boca es mía!

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