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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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24 Julio 2017 04:00:00
La hipocresía católica en la idea de la familia
Hay mucho olor de hipocresía en las concepciones teóricas sociológicas que vienen de la Iglesia católica, y el concepto de familia es uno de esos. Cuando la pareja homosexual quiso adoptar legalmente a sus hijos para darles respaldo pleno, la Iglesia se escandalizó porque la familia debe seguir el modelo de la Biblia, la familia determinada por Dios, la estructura “natural” de padre, madre e hijos (un Adán, una Eva, Caín y Abel). Pero a ningun teólogo le causa extrañeza, hace crítica ni se alarma cuando uno de los suyos, como el sacerdote católico Pedro Gutiérrez Farías adopta junto a una monja, Hortensia Jiménez Cruz, la friolera de mas de 100 niños que fueron registrados como sus hijos en Salamanca, Guanajuato.

Viviendo en un refugio llamado La Ciudad de los Niños, aceptado por su comunidad e incluso reconocido con la presea Tomasa Esteves como Salmantino Distinguido, en la categoría Filantropía y Servicio Social. Es decir, los 10 mil salamantinos que salieron a las calles en septiembre del 2016 a marchar por la defensa de la familia natural convocados por el Frente Nacional por la Familia, que aseguraron que la familia debe ser constituida por el matrimonio entre un hombre y una mujer, que están hablando a favor de los niños, la familia y la protección que debe guardar el Estado para con esa estructura, no se asombraron que hubiera entre los suyos una familia formada por un hombre que no puede casarse, por una mujer que suponemos célibe y que sus hijos no solamente sean mas que los de cualquier patriarca de la Biblia, sino que “contradice los principios naturales escritos por el hombre”, según sus palabras para calificar a la familia homosexual, en mucho mayor proporción.

Y lo peor es que, tanto ellos como sus cómplices del Registro Civil, por lo menos en el 2006, cuando fueron registrados 135 niños como hijos de la pareja religiosa (sin ser la primera ocasión), no respetaron diferentes leyes, iniciando por la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, que es muy clara en cuanto al Acogimiento Residencial, señalado como aquel brindado por centros de asistencia social como una medida especial de protección de carácter subsidiario, que será de último recurso y por el menor tiempo posible, priorizando las opciones de cuidado en un entorno familiar. Y ellos hicieron de ese centro de acogida una familia permanente obvio que sin poder ofrecer, aparte de otras cosas, el establecimiento adecuado del vínculo materno-paterno que todo niño necesita.

Esto, que ya de por sí es totalmente antinatural en cualquier término que se vea, se supo porque la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) atrajo el caso de los varios albergues con ese nombre que existen en los estados de Guanajuato y Michoacán y tiene la intención de investigar presuntas violaciones a los derechos humanos de niñas, niños y adolescentes que han sido probablemente víctimas de abusos físicos y sexuales en esas “familias”.

Claro que las autoridades guanajuatenses, cómplices en su momento de las tropelías, los abusos y las violaciones que se hicieron en el albergue La Gran Familia de Rosa María Verduzco, “Mamá Rosa”, en Zamora, Michoacán, no van a mover un dedo para recibir la denuncia, no así la Procuraduría General de la República, porque la Red por los Derechos de la Infancia (Redim) le solicitó formalmente que atraiga la investigación y también que el Gobierno federal asuma la responsabilidad del albergue y de los niños, niñas y adolescentes que en él se encuentran, ante las denuncias hechas por menores de la institución, quienes acusaron haber sido víctimas de abusos sexuales, maltrato, encierros y mala alimentación, manifestando la incompetencia de las instancias del estado de Guanajuato en su supervisión y vigilancia.

Qué encontrarán en esta investigación, es dificil saberlo. Lo que se convierte en indispensable es que la jerarquía católica no ayude al encubrimiento del sacerdote, si acaso se le encuentran irregularidades o delitos que atenten contra la dignidad de la infancia. Y es que una gran mayoría de los jerarcas católicos mantienen el doble discurso de honestidad de las acciones y la corrupción en el encubrimiento. No basta el apoyo de las múltiples organizaciones que les rinden tributo, ni la promesa del papa Francisco de corregir las situaciones de abuso. Es necesario que la jerarquía católica no intervenga en las investigaciones judiciales, aunque no les tenga confianza.
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