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Dan T
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28 Noviembre 2017 04:05:00
La hora del meadhiero
Hace muchos años, en un lugar de La Mancha, digo, de México, había un Presidente todopoderoso. Era el que todo lo sabía, el que todo lo decidía, el que todo lo controlaba. Era el que daba la vida y la alegría, la tristeza y la tragedia; y por supuesto era también el que daba las candidaturas. En ese viejo México, la decisión del Presidente era inapelable. El Presidente nunca se equivocaba, ni cuando metía la pata. Una vez estaba dando un discurso y lo escuchaban atentos, como siempre, los principales funcionarios de su Gabinete.

De pronto le dice el secretario de Economía al de Agricultura: –Oye, ¿los cocodrilos vuelan? –No seas pendejo, ¿de dónde sacas que los cocodrilos vuelan? –Pues es que lo acaba de decir el Presidente en su discurso. –Bueno, vuelan, pero no se elevan tanto. Nomás, así como un metro de altura.

Ese México, por suerte, ya no existe. El problema es que nadie le avisó a Enrique Peña Nieto. El Presidente se sintió en los años 70, cuando el PRI era el único partido político que existía y controlaba, ¿o debo decir imperaba?, en el escenario político. Peña se puso su guayabera echeverrista y decidió jugar el juego de los tapados, haciéndonos creer que eran por lo menos cuatro los que estaba considerando: Meade, Miguel Osorio Chong, José Narro y Aurelio Nuño. Al final, terminó desechando a los otros tres (aunque en realidad nunca les dio muchas oportunidades) y destapó a su gusto y conveniencia a su sucesor. Y como en los viejos tiempos se echó a andar la cargada, que es esa loca carrera en la que los priistas salen desbocados a aplaudir a su caudillo y decirle: “Wow! Nos leyó la mente, señor Presidente”. Y acto seguido vuelven a correr en bola al balcón del candidato para manifestarle su apoyo, rendirle pleitesía o simplemente besarle la mano. Es la hora del meadhiero, del mesumo, del loqueustedmande. Antes se hacía con pancartas y mítines, hoy se hace vía Twitter y Facebook. Y ahí andan los priistas, brinque y brinque, emocionados hasta las lágrimas por saber que El Gran Dedo Elector ya decidió quién es el bueno.

Claro que no todos los priistas están contentos, pues muchos sienten que Meade es un extraño. Un villano externo que está abusando de la doncella tricolor y sus virginales estatutos. Pero, a pesar de eso, agachones como son, se callan y aplauden la decisión del Number One.

Lo que los priistas y Peña parecen olvidar es que ya no estamos en aquel México y hoy no basta con que el Presidente lo señale para que alguien llegue a Los Pinos. Hoy tiene que convencer no sólo a los priistas, sino a varios millones más de mexicanos.

Y ahí entra la pregunta que todos se hacen: ¿es bueno o malo que José Antonio Meade sea el candidato del PRI? La respuesta es tan simple como entender el funcionamiento del sistema endocrino. En el tema de corrupción, Meade es el único del Gabinete que no ha sido acusado de corrupto. Pero es del PRI. Es el que menos cola tienen que le pisen. Pero es del PRI. Es el que está mejor preparado para enfrentar una crisis económica. Pero es del PRI. Es de los pocos que conduce él mismo su camioneta. Pero es del PRI. Es reconocido internacionalmente como una de las mentes más brillantes de nuestro país. Pero es del PRI. Es de los pocos que tiene dos carreras, Economía y Derecho, y que estudió en una universidad pública y en una privada, la UNAM y el ITAM. Pero es del PRI. Tonto no es. Pero es del PRI. Y así puede seguir hasta el infinito la lista. Meade puede tener todas las cualidades del mundo, pero su mayor reto será convencer a los mexicanos que no es un priista como los demás.

¡Nos vemos el jueves!
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