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Xavier Díez de Urdanivia
Xavier Díez de Urdanivia
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Xavier Díez de Urdanivia es abogado (por la Escuela Libre de Derecho) Maestro en Administración Pública (por la Universidad Iberoamericana) y Doctor en Derecho (por la Universidad Complutense, Madrid). Ha ejercido diversas funciones públicas, entre las que destacan la de Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Coahuila, del que fue Presidente entre 1996 y 1999, y Abogado General de Pemex. Ha publicado varios libros y muy diversos artículos en las materias que constituyen su línea de investigación, e impartido conferencias, seminarios y cursos sobre las mismas. Actualmente es profesor de tiempo completo en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde imparte cátedra e investiga en materia de Derecho Constitucional, Teoría y Filosofía del Derecho y Teoría Política. También es colaborador de la página editorial de Zócalo y de Cuatro Columnas (de la Ciudad de Puebla), y lo ha sido del Sol del Norte y El Diario de Coahuila, así como de los noticieros del Canal 7 de televisión de Saltillo, Coah.

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05 Mayo 2019 04:00:00
La intervención social y los derechos humanos
El sábado 4 de mayo -ayer- tuve la oportunidad honrosa de presenta, durante el LVII Congreso Nacional e Internacional de la Asociación Mexicana de Instituciones Educativas de Trabajo Social “Retos y Perspectivas de los Modelos de Intervención del Trabajo Social en la Construcción de la Realidad Contemporánea”, el libro “Visión Social de los Derechos Humanos”.

Inmejorable oportunidad para destacar que hablar de derechos humanos y trabajo social es tratar temas propios de disciplinas, más que complementarias, casi simbióticas.

Así lo considero porque, en la dicotomía sujeto-objeto del trabajo social, es imposible evitar, a mi juicio, una posición “constructivista” dado que el objeto del trabajador social no consiste en una descripción empírica de las realidades sociales –como podría corresponder al sociólogo- sino en intervenir en una cierta comunidad para desarrollar su propio potencial en condiciones óptimas.

El trabajador social “construye” su objeto, pero al establecer la diferenciación sistémica frente a su ambiente no puede perder de vista el interés general que anima la vida social toda y sus estándares mínimos, esos que resguardan los valores comunitarios junto a los que vinculan con el gran sistema social de que forman parte, que hoy es, a no dudarse, de dimensiones globales.

Creo que ese ejercicio es uno en el que resulta imposible dejar de reconocer que el denominador que vincula a toda comunidad es la integralidad que descansa en el valor supremo de la dignidad humana -universal, innata, e irrenunciable- cuya expresión más genuina son esas prerrogativas que son inherentes a toda persona y se expresan a través de la plataforma mínima que conocemos como “derechos humanos”.

Cuando el trabajador social quien analiza e interviene el objeto y su entorno, no despersonaliza a las personas que lo componen, sino que, al contrario, las considera imprescindibles porque sabe que trata con sujetos capaces de reconocer y analizar su propia realidad y los problemas que ella plantea, tanto como aportar, como protagonistas, a la búsqueda e instrumentación de las soluciones, tiene muchos más visos de encontrar el buen éxito de sus acciones.

El potente renacimiento que, frente a circunstancias inéditas en la historia del mundo, han experimentado las reivindicaciones de los derechos humanos, no solo da cabida a ese tipo de intervenciones, sino que las demanda urgentemente.

¿Cómo pasar por alto la necesidad de intervenir socialmente para inducir, en medio del caos y la confusión que parecen haberse adueñado del entorno, una cultura que promueva las reivindicaciones sociales significadas por los derechos y libertades fundamentales y sus consiguientes obligaciones y responsabilidades?

En los términos de la acción social se comprenden, irremisiblemente, las realidades políticas, económicas y las correspondientes a sus estructuras jurídicas, y solo con una acción socialmente dirigida, específica y objetiva podrán alcanzarse los cambios en la cultura que lleven a mejores condiciones de vida para todos, y en eso, que atañe a la promoción de los derechos humanos como cultura de respeto y participación, consiste precisamente el objetivo primordial de la acción de transformación social que es, hoy por hoy, imprescindible, tanto en términos de consciencia como de participación activa.

De ahí la importancia de analizar el trabajo social desde la perspectiva de los derechos humanos y la complementariedad ineludible del trabajo social con ellos, materia en la que, a mi juicio, el libro que fue presentado, coordinado por Leticia Cano Soriano y Joaquín Narro Lobo, es una aportación de gran valía.

Se ha puesto a disposición de todas y todos los interesados en el tema con el objetivo de estimular la reflexión creativa y crítica de su contenido, y su mejor destino será ser leído, analizado y criticado, para estimular -provocar, si se quiere- nuevas ideas, construir paradigmas que sustituyan a los caducos, generar nuevos instrumentos de trabajo, redefinir métodos y rediseñar proyectos.

Ojalá que, a la postre, cumpla el libro con ese propósito y sirva para “plantar una pica en Flandes” ante los retos y desafíos del futuro que ya nos alcanzó..
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