×
Ricardo Torres
Ricardo Torres
ver +

" Comentar Imprimir
23 Febrero 2018 04:00:00
La izquierda no tiene líder
PRIMERA PARTE

El régimen de jerarquías o sistema vertical de mandos, en donde un dirigente o guía es quien asume el control de las masas, ha funcionado de manera efectiva tanto en instituciones religiosas como en la administración pública y privada, incluso en la delincuencia organizada y en su contraparte, el ejército nacional o cualquier corporación policiaca; sin embargo, este sistema de líderes parece que no funciona en la política. La historia del mundo nos muestra cómo los líderes políticos tarde o temprano exponen su lado humano falible.

El liderazgo efectivo, como tal, es bastante difícil de sostener, mayormente cuando el líder lleva un buen tiempo soportando ese lugar, el cual implica mantenerse permanentemente afín, rígido, estable, comprometido, agudo e íntegro. Porque, lo queramos o no, cualquier persona que permanece largo tiempo en el escrutinio público, recibiendo porrazos a diario y retirado de las graderías, acaba perdiendo sensibilidad, por lo que deja de escuchar al pueblo, incluso a quienes tiene como los más próximos, por lo que termina pareciendo soberbio o socarrón.

Cuando lo anterior sucede, principia la inevitable ruina del líder, ya que, entonces, empieza a equivocar sus decisiones, lo que para quienes habían creído en él es imperdonable y termina siendo descalificado en todo, incluso en todas las otras labores que pudo haber desempeñado sin falla. Sin embargo, es necesario mencionar que el desgaste del líder es una consecuencia natural, ya que la cabeza de un líder es muy fácil de golpear y por muy desarrollado o prominente que esté su equilibrio, como el de un mástil, resulta inestable.

Ahora mismo en México, el líder de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, quien se ha erigido como paladín de esta corriente por más de 18 años, creyéndose suficiente todo este tiempo para concentrar en su persona el conocimiento y la visión práctica de izquierda necesaria para atender todos los problemas de un estado, responder todas las preguntas y tener siempre la última palabra, empieza a fallar.

Y es que en los últimos meses, el líder de Morena empieza a asquear con sus decisiones, las cuales nos hacen pensar que AMLO no tiene otro objetivo más que el de acumular el poder. Es evidente que las postreras decisiones de Andrés Manuel han sido motivadas sólo por su insaciable deseo de dominio.

López Obrador después de desunir a los partidos de izquierda, ahora ha empezado a juntarse con los malos, con los de la mafia, ellos y él, ahora se rascan entre sí, mientras se esfuman las fuerzas, los objetivos, los planes y el sueño de contar con un nuevo gobierno eficiente y sin mancha.

Esta conducta, evidentemente desatinada del permanente líder de la izquierda mexicana, trae sin duda al electorado mexicano el desánimo y la confusión y llevan a quienes creemos en el proyecto de izquierda a una profunda depresión emocional; sin embargo, no todo está mal, ya que, por fortuna, el irregular liderazgo de quien se supone nos mostraría mejores sistemas de gobierno nos debe servir para darnos cuenta de que el progresismo que enarbola la izquierda, que tanto necesita nuestra nación, no es solamente un candidato y mucho menos lo es un desgastado líder soñador que funda su discurso en un ambiguo punto en el futuro con cara de merolico motivador, sino que… (continuará).
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2