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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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02 Marzo 2018 04:00:00
La izquierda no tiene líder
Después de disolver a la izquierda, hoy López Obrador, ha empezado a juntarse con los malos, con los de la mafia, ellos y él ahora se rascan entre sí, mientras se esfuman las fuerzas, los objetivos, los planes y el sueño de contar con un nuevo Gobierno eficiente y sin mancha.

Esta conducta, evidentemente desatinada del permanente líder de la izquierda mexicana, lleva al electorado al desánimo y a la confusión y a quienes creemos en el proyecto de izquierda, a una profunda depresión emocional.

Sin embargo, no todo está mal, ya que el irregular liderazgo de quien se supone nos mostraría mejores sistemas de gobierno, será motivo para darnos cuenta de que el progresismo que enarbola la izquierda y que tanto necesita nuestra nación no puede recaer solamente en una persona, y mucho menos en un incierto líder desgastado, sino que la izquierda mexicana existe ahora y como nunca en el ánimo de un gran sector de nuestra sociedad, por lo que con o sin Andrés Manuel, quienes queremos un cambio verdadero en el sistema de gobierno tendremos que votar por la alternativa que lo ofrezca, aunque en esta sólo sea él, quien formalmente lo propone.

Además, el candidato de Morena se equivoca también al no percatarse de que la izquierda es ahora una corriente política con vida propia, con demandas y exigencias reales, un sentir ciudadano que empieza a marcar una gran distancia frente a las demás fuerzas políticas de la misma sociedad, por lo que si se hace presente con la fuerza que se presiente en la elección 2018, sin duda se fortalecerá a tal grado de quedar en aptitud de decidir el futuro de México y castigar a los insensibles malos gobernantes, incluyéndolo a él.

La corriente ideológica de izquierda verdadera que ahora vive México jamás fue cultivada por Andrés Manuel López, es por eso que cada día se parece menos a la izquierda que refiere en sus discursos y que anuncia con sus acciones.

Es evidente que AMLO dejó de reconocer los valores a los cuales la izquierda real debe servir: la defensa de los desiguales, la soberanía nacional; un modelo educativo que favorezca a los trabajadores y a los explotados; la cultura nacional que dé identidad; los derechos humanos en general.

Así que por ahora esto es lo que hay, por lo que estamos obligados a tomarlo y transitar primero por esta izquierda sinuosa, dedicada a la obtención de puestos de representación, de canonjías estatales y al uso de la política para la satisfacción de intereses facciosos o personales, y sólo así llegar después fortalecidos a la otra izquierda, la verdadera, la democrática, la comprometida con el derecho y la justicia y, ante todo, con el avance y el progreso de la sociedad y de su pueblo trabajador; una izquierda que en verdad represente a la clase que vive de su trabajo, una izquierda enemiga de toda forma de simulación democrática y de toda exclusión y discriminación; una izquierda solidaria con todos los pueblos del mundo que al igual que el nuestro, luchen por su liberación y por la igualdad de sus ciudadanos.

Entonces, no podemos los mexicanos postergar más el arribo de un distinto sistema de gobierno, aunque eso signifique que oportunistas se mareen en la idea de sentirse dueños de este logro, desconociendo que la necesidad de un gobierno distinto nos la han dado décadas de dilapidación y sufrimiento.
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