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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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01 Enero 2018 04:00:00
La liturgia popular del Año Nuevo
El día 31 de diciembre es, posiblemente, el de mayor magia de todo el año, superando con mucho a sus más cercanos competidores Nochebuena, Día de Muertos, Halloween, Viernes Santo y cualquiera que se le ponga enfrente.

Es la noche en la que se realizan con mayor fervor los rituales para congraciarse con las deidades poderosas de la buena fortuna, se consiguen los mejores talismanes para atraer la suerte, los más efectivos hechizos para lograr el amor y los amuletos de más probada eficacia para realizar los deseos ocultos que por la propia fuerza personal no sería posible satisfacer.

El pensamiento que se activa para creer en estos rituales, hechizos, amuletos y talismanes lo podemos entender como una reminiscencia del desarrollo cognoscitivo infantil en su fase mágica, en donde aún las leyes de la naturaleza no son independientes del sujeto que las
observa.

Por el contrario, el niño piensa, en su fase animista, que los objetos naturales pueden estar sometidos a la voluntad del sujeto, dependiendo sólo de la intensidad de su deseo y en ese momento toma fuerza el pensamiento mágico infantil, que perdurará activo en el inconsciente y se hará presente cada 31 de diciembre, siendo apoyado por una serie de tradiciones culturales de magia homeopática, que según James George Frazer (en su maravillosa obra La Rama Dorada), hace a las cosas actuar de cierto modo, porque lo semejante produce lo igual, es decir, un acto ritual hace que el objeto ritualizado actúe de forma igual al ritual que lo domina, o bien con magia simpática, que obliga a las cosas interactuar a distancia por medio de la atracción.

Así, en Año Nuevo usted buscó en los cajones monedas olvidadas para que ellas se conviertan en talismanes que atraigan la riqueza. Hizo una preparación de agua de canela para atraer la buena fortuna. Plantó ruda para atraer la prosperidad. En un vaso con agua le añadió perfume y con una rama de árbol roció las cuatro esquinas de su habitación. Limpió sus cajones de cosas inservibles y quemó incienso para alejar el dolor del pasado. Hizo un ramo de rosas rojas y blancas y dijo “Gracias por todo lo bueno que viene hacia mí”.

La última noche del año se puso ropa y zapatos nuevos, incluyendo la ropa íntima, que debió ser roja o amarilla, para que se abrieran nuevos caminos, tanto en la suerte como en el amor. En un bote de cristal puso miel y azúcar morena con el nombre de la persona que le interesa tener o el deseo que quiere que se cumpla. También escribió en un papel violeta todos sus deseos y después guardó ese papel para que durante 2018 se vayan
cumpliendo.

Consiguió 12 cabezas de ajo y las colgó en la cocina para limpiar el ambiente todos los meses venideros. Prendió dos velas, una amarilla y otra roja, las puso a cada lado de un espejo viejo y antes de la medianoche, mirándose fijamente, pidió sus deseos. Dio la vuelta a la manzana llevando un veliz viejo para que pueda salir de viaje, y por supuesto se dieron el abrazo ceremonial en señal de paz y concordia.

Como usted ve, la magia tiene aún una poderosa influencia en el ser humano, que todos los siglos de desarrollo del pensamiento científico no han podido desterrar.

Claro que en esa noche el pensamiento mágico recibió el apoyo formidable de un gran aliado: el alcohol. Según la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016-2017, en promedio una persona ingiere 4.5 litros de alcohol puro cada año, algo así como si se tomara unas 280 latas de cerveza con 4.5 grados de alcohol, o unos 115 litros de whisky con 40 grados de alcohol, y por supuesto, una parte considerable de este consumo se hace en diciembre.

Con la ayuda del alcohol, el pensamiento mágico fluye más libremente porque actúa como sedante de los controles internos que permiten a la persona estar en contacto con la realidad. Es decir, la percepción de la realidad cede ante los deseos mágicos infantiles que se habían mantenido inconscientes hasta ese momento, y el ceremonial del Año Nuevo toma una fuerza que no tendría sin la ayuda del alcohol y de un ambiente propicio a creer en lo sobrenatural.

Pero son ideas que nos tranquilizan ante la fuerza del futuro y su indefinición, el principal generador de angustia en todos. Todos usamos algún ceremonial, y para no quedarme atrás yo le deseo a usted un próspero Año Nuevo.
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