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Ricardo Alemán
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03 Mayo 2017 04:00:00
La madriza azul: ¿qué esperaban?
Dice el refranero popular: “en política no hay sorpresas sino sorprendidos”. También señala: “el que no quiera ver fantasmas, que no salga de noche”. Y puntualiza: “en política, si no quieres que algo se sepa, no lo pienses y menos lo hagas”.

Y viene a cuento porque una parte de la sociedad mexicana, periodistas y hasta de los llamados “analistas políticos”, se escandalizaron por una escaramuza verbal protagonizada por el inteligente y locuaz Juan José Rodríguez Prats y por el activo expresidente, Felipe Calderón.

El primero reclamó al segundo supuestas y/o reales expresiones de manipulación del partido desde la casa presidencial y hasta lo habría acusado de usar como arma política el supuesto amago de abandonar las filas del PAN. El segundo reconoció que había pensado la posibilidad de abandonar al PAN.

Sin embargo, versiones interesadas y parciales del escándalo se hicieron públicas gracias a manos interesadas en la confrontación y el choque que –sin embargo–, suponen que la sociedad mexicana la integran idiotas sin criterio. Eso sin contar con el hecho de que los periodistas no se tragan el cuento de que los partidos son cofradías de hermanos de la caridad donde prevalecen virtudes y bondades de la antipolítica.

Lo cierto –para aquellos que se escandalizan de las “madrizas” que son el alma y la sabias de la política–, es que la escaramuza entre los panistas no es más que una saludable expresión de que el PAN es un partido vivo, vigente, democrático y compuesto por profesionales de la política.

Sin embargo, también es cierto que todo lo anterior no significa –para los que siguen renuentes–, que en los partidos no existan trampas, engaños, agandalles, zancadillas, madrizas, disputas y, sobe todo, la pelea de todos contra todos, por el poder.

En rigor, los partidos son campos de batalla en los que se dirimen disputas y diferencias, con todos los instrumentos de la política, siempre bajo las reglas de cada partido. Y el que crea que las peleas políticas son tersas, que practique la lucha libre.

Pero además, también es cierto que desde siempre –a partir de las reglas del juego, que son el corazón del problema–, en el PAN se discute, debate; se producen confrontaciones de posturas diversas, de intereses distintos y de las siempre presentes ambiciones políticas, personales o de grupo, que son motivo de polémica, discusión y hasta mentadas de madre.

Incluso, cuando el PAN accedió a distintos espacios de poder, las candidaturas han sido motivo de rompimientos, desprendimientos, y, en no pocos casos, traiciones.

Pero ese es el corazón y esencia de la política; la lucha por el poder a través de un partido. Y esa es la pelea que hoy protagonizan, por un lado el presidente del partido, Ricardo Anaya, y por el otro, el grupo político del expresidente Calderón, que hace todo por empujar a Margarita Zavala como candidata presidencial del PAN para 2018.

Nadie sabe, hoy, quien va a resultar victorioso de esa contienda; no sabemos si Anaya derrotará a Margarita o si Margarita vencerá a Anaya.

Lo que sÍ sabemos es que el jefe del PAN hace trampa. Lo que se sabe, es que el PAN deberá sancionar la “trampa” a partir de sus propias reglas y/o instancias electorales correspondientes.

Lo que se sabe es que Calderón, en tanto ciudadano con derechos plenos y panista con toda la legitimidad de su trayectoria, tiene la libertad de apoyar a quien le plazca –incluida su esposa–, a la candidatura presidencial por el PAN.

Lo cierto, por otro lado, es que Margarita Zavala tiene todo el derecho de aspirar a la candidatura presidencial, más allá de que su esposo haya sido Presidente de la República y presidente del partido. Como también es legítimo que Ricardo Anaya y Rafael Moreno Valle aspiren a esa misma posición, respetando las reglas del juego, sea dentro del PAN, sea de manera pública.

Lo cuestionable, en todo caso, es que existan ciudadanos, periodistas y analistas que se escandalicen por las “madrizas” que se dan en un partido. Parece que muchos ciudadanos, periodistas y analistas, añoran la unanimidad de los partidos; extrañan al hombre fuerte, al Tlatoani, al mandamás, al patriarca, al único, al iluminado, al Dios de un partido.

No, las “madrizas” intramuros del PAN y PRD dan cuenta de la salud democrática de esos partidos. La unanimidad, las decisiones únicas, verticales y autoritarias son propias de Morena, del PRI, del PT, MC y del resto de partidos, que no son democráticos.

El PAN y el PRD son los partidos con una mayor práctica democrática interna. Le guste o no a los “políticamente correctos”.

Al tiempo.
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