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Abdel Robles
Abdel Robles
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Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Reportero sección policiaca en Editora El Sol, reportero sección local El Norte, coeditor del vespertino Extra de Multimedios, director editorial del Periódico La Voz de Monclova, director Editorial de El Diario de Coahuila, Comunicación del Municipio de San Nicolás de los Garza, NL, director editorial de Zócalo Piedras Negras, y actualmente editor en jefe de Zócalo Monclova

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16 Agosto 2015 03:10:28
La madrugada de los absurdos
Nomás porque la cara de Chibirico estaba pálida y los ojos pelones… Nomás porque los labios le temblaban y porque tenía los ojos líquidos, líquidos y colorados.

Nomás por eso aguanté que llegara a las cinco de la madrugada… Que me despertara cuando estaba durmiendo a pedo libre, como diría mi abuela María Capitanachi.

“Negrito… Ya valió madres”

Me levanté de un brinco… Chibirico no me dejó hablar. “Ya se cargó la pistola a mi agüela” Doña Chibita… Así le decíamos, así entendía ella…

Vieja cantinera, de aquellos tiempos cuando la “zonaja” estaba por la Santa Emilia.

Era una mujer que andaba todo el día con un cigarro de papel hechizo ente los labios… Que mascullaba sus frases sin quitarse el tabaco de la bemba.

-¿Tas seguro?

“Ya la moví tres veces seguidas… ¡Ya le hablé Negrito!, ya se la cargó San Vergulio”

No sé de dónde sacaba tantos santos… Pero siempre tenía uno a la mano, o una santa.

No se me ocurría nada…

Llamar a mi madre, que seguro a esas horas ya estaba por levantarse para preparar el lonche del Negrón.

Fuimos a pedir consejo… En efecto, mi madre ya estaba contando monedas para mandar a tío Sequito por la masa para echar tortillas.

“Mami… Parece que se murió doña Chibita”…

Mi Má Linda se estremeció, luego se quedó como petrificada…

Entonces reaccionó, vio a Chibirico y le extendió los brazos.

Mi amigo no pudo más, se fue a refugiar en el regazo de mi madre y se soltó a llorar con sollozos entrecortados…

Con gemidos.

Nunca lo vi llorar así…

Yo mismo me quebré y me puse a llorar… Nos fuimos los tres a la casa de Meche, la madre de Chibirico, hija de doña Chibita.

“Algo se le ofrecerá… Tráete la olla de café”.

Meche estaba con los pelos como electrizados… Comiéndose un bolillo con nata.

“¿Qué fue Pelanchita?”, saludó a mi madre.

“Es que me dicen que se murió doña Chibita…”

Meche negó enfática con la cabeza…

“¡Qué fregaos se va a morir!… Orita está en el baño, le agarró la cagalera por tanto que se mamó anoche”.

Chibirico peló los ojos… Se emocionó con la posibilidad de que su abuela estuviera viva.

Se fue corriendo al cuarto, ansioso por ver que estaba equivocado… Pero regresó llorando.

“¡Amá!… Aistá la agüela toda tapada y tiesa… ”

Meche no dejó de mojar su bolillo en el café negro…

“¡Ah… Ah… Ah!… Es su amiga doña Gela, se mamaron dos de vodka anoche… Esa sí, para que veas… ¡Esa ya está en el valle de las calacas!”

¿Y luego… Y luego?

Meche siguió remojando su bolillo en la nata… Le quitó más café a mi Má Linda…

“Chibirico… Ve a traer hojas de aguacate oloroso para pararle la cagalera a tu abuela”

¿Y la difunta?

“Pos esa no sé… Dicen que no tiene parientes… Que no deja dinero… ¡Nada!… Chibirico, trae los cerillos”.

-¿La va a quemar?

“¡No animal!… Voy a prender otro cigarro”.

Mi madre, bien consciente del respeto que el difunto o la difunta merecen, le llamó la atención a Meche…

“Meche… La difuntita”

Iba a apagar su tabaco, pero luego se encogió de hombros…

“No hagas pedo Pelanchita… Orita vale madre, ¡jaja!… No creo que le vaya a dar tos por el humo, ¡si la jijueputa está bien tiesa”.

Pues sí… Tenía razón…

Fumó tranquila, luego le habló a doña Chibita…

“Madre, saque el triciclo y a ver a dónde va a sembrar a su amiga pedota”.

Esa fue la noche, el día de los absurdos…

A Chibita la agarró la poli porque estaba cavando un pozo en el Mercado Juárez… A la difunta se la llevaron con todo y triciclo a la morgue… Y a Chibirico lo mandaron a encalar el baño y el cuarto donde felpó la difunta.

Má Linda y yo volvimos en silencio y sin café…

“Lo único que me duele, es que por andar en el chisme, tu papá no llevó lonche”.

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