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Carlos Moreira
Carlos Moreira
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25 Febrero 2017 04:09:00
La Maestra
La elección del 88 debe considerarse un parteaguas en la vida social y política de nuestro país. El PAN lanzó un candidato de primer nivel, pero fue Cuauhtémoc Cárdenas quien logró convulsionar a la nación y generar –luego de su participación– que se fuera modificando el sistema político mexicano. En ese marco ocurrió la salida de Carlos Jonguitud Barrios (uno de los dirigentes más importantes y polémicos en la historia del SNTE) y de su equipo de trabajo más cercano, y la llegada, al liderazgo del sindicato, de la dirigente más importante en la historia del sindicalismo mexicano: la maestra Elba Esther Gordillo Morales.

Eran tiempos de cambio tanto en el ámbito nacional como a nivel mundial. Eran momentos difíciles para el partido en el poder (obvio, no tan graves como los actuales). Y estaba el magisterio en uno de sus peores años en relación con logros salariales y prestacionales.

En las calles de múltiples ciudades, pero especialmente del Distrito Federal, se manifestaban decenas de miles de maestros exigiendo democracia sindical y un aumento del 100% al salario.

Por si fuera poco, el Presidente de la República puso al frente de la Secretaría de Educación Pública a Manuel Bartlett Díaz, político intransigente y de línea dura; y con Bartlett en la SEP estableció una ruta de trabajo para descentralizar el sistema educativo nacional, con lo cual el sindicato corría el riesgo de atomizarse y convertirse en una federación de pequeñas organizaciones gremiales.

La maestra Elba Esther transformó un sindicato que se veía débil y sin proyecto en una impresionante fortaleza política y sindical. Incorporó en los estatutos del SNTE el voto secreto y la proporcionalidad; logró importantes incrementos salariales que llevaron el salario de un profesor de primarias del equivalente a 1.5 salarios mínimos a más de 5 salarios mínimos, y evitó la atomización de la organización.

A diferencia de lo que ocurría en otros sindicatos, la maestra Gordillo procuró ser interlocutor con los poderes y no simple instrumento de los mismos. Fue aliada y adversaria de las principales organizaciones políticas. Fundó un partido político, el cual es hoy en día el referente político del magisterio.

En las dos décadas de trabajo sindical de Elba Esther como líder máximo del SNTE, se tuvieron un sinfín de momentos difíciles; no obstante, ninguno comparado con los primeros días, ni menos aún con las últimas semanas de su gestión sindical.

Hay que reconocer que cometimos errores en el ejercicio sindical. Tanta fuerza en ocasiones se entremezcló con prepotencia. En muchos aspectos los dirigentes sindicales llegamos a cometer el pecado del aburguesamiento. Fueron errores colectivos, de esos que hay que mencionar en primera persona y en plural. Y fueron errores de cálculo políticos y sindicales individuales, errores cuya responsabilidad es exclusiva de su persona y de su círculo más cercano.

Una gran campaña se orquestó contra la organización sindical y en lo particular contra la maestra Elba Esther. Muchos intereses confluyeron.

Con verdades a medias, con acciones judiciales cuestionables en un estado de derecho, con un ejercicio político-legal que asemeja una emboscada, la Maestra fue detenida al aterrizar en el aeropuerto de Toluca. Ya pasaron cuatro años.

Me da gusto que se le permita acceder al beneficio de la detención domiciliaria. Y aunque sé que falta mucho para que se le absuelva por completo, espero ocurra y entendamos todos la dimensión del personaje sindical y político.

Al calce

En diciembre de 2015 escribí un artículo donde hablé de la fuerza del liderazgo de la Maestra. Sigo pensando que es la dirigente más grande que ha dado el sindicalismo mexicano. Me faltó comentar que hubo quien se aprovechó de ella y quienes buscaron y siguen buscando que encabece luchas donde ella arriesga todo, para que ellos intenten acomodarse.
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