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Guadalupe Loaeza
Guadalupe Loaeza
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13 Septiembre 2018 04:00:00
La malquerida
Al día siguiente de que Rosario Robles fuera designada como jefa de Gobierno de la Ciudad de México (29 de septiembre de 1999), hubo un temblor de magnitud 7.5, mucho más suave que con el que se despertó al leer el encabezado de nuestro periódico del martes pasado: “Saquean con Robles 700 mdp en efectivo”. Desde entonces la exjefa de Gobierno ha vivido muchos temblores de todo tipo; temblores que van desde su amor clandestino y después público con Carlos Ahumada, múltiples acusaciones de corrupción, hasta su cambio de partido del PRD al PRI.

Empecemos con el caso “ahumadazo”, como se le empezó a llamar a la relación sentimental que sostenía con Carlos Ahumada, propietario del Grupo Quart y otras empresas como Asia, Austral, Cascata, Pabellón Tarango y Pagoza. Para ese momento (2004) ya no le creía a Rosario Robles. La encontraba falsa, demasiado ambiciosa y arribista. En relación a su arribismo me había enterado, por mi amigo diseñador colombiano, Álvaro Reyes, que diario iba a su boutique de Polanco para llevarse vestidos y trajes sastre. No me sorprendía, bastaba verla en televisión para percatarse de la variedad de su vestimenta. Empezó a usar perlas, cadenas de oro y relojes muy caros. Su nuevo “look”, de señora burguesa, no correspondía para nada con el que empezó su vida política; entonces usaba aretes de plástico de todos colores y minifaldas con botas de vinil. Cuando entró como jefa de Gobierno, ¿se compraba su nuevo vestuario y accesorios gracias al presupuesto del Gobierno del DF? ¿A su cochinito personal? O bien, ¿a Carlos Ahumada?, el empresario que se había hecho millonario por todas las comisiones que sacaba de las obras que había encargado Robles cuando estaba en el gobierno del DF? Lo que más me irritaba de su persona eran dos cosas, sus constantes declaraciones de amor hacia el ingeniero Cárdenas y sus críticas veladas contra López Obrador. Quiero pensar que su enamoramiento de Ahumada la había trastornado por completo. Por añadidura, a Chayo la había cegado el poder, pero sobre todo, el “chayote”. En el 2001, publiqué en nuestro periódico acerca del “cochinito” de Rosario, del cual en un futuro seguramente sacaría el dinero para costear todo el apoyo publicitario que necesitaba para sus proyectos políticos.

Después del temblor del amor frustrado de Ahumada, Rosario sufrió otro temblor, el de René Bejarano llenando su portafolio con fajos de dólares (3 de marzo de 2004) en un video exhibido en el programa de Brozo. Entonces Bejarano era coordinador del PRD en la ALDF. El dinero lo recibía de manos de Ahumada, quien después declarara que las grabaciones se habían acordado con el senador Diego Fernández de Cevallos y con el expresidente Carlos Salinas de Gortari. En diciembre de 2002, Rosario Robles le escribió una carta de amor a Carlos Ahumada, publicada un año después de que estallara el escándalo: “Tiempo de ángeles, así le llamo a esta segunda oportunidad que estoy viviendo contigo. Llegaste en un momento en el que mis sueños se habían convertido en pesadillas. Apenas unos meses antes era reconocida, querida, aclamada. (...) Y, sin embargo, después de sentirme tan grande, ahora me sentía pequeña, vacía. Hasta que llegaste tú como un ángel. (...) A ti menos que a nadie puedo engañar. Una Rosario murió en aquellos días”. (Proceso, 30/01/2005). Es obvio que Rosario Robles después resucitó, ya no en su partido, sino gracias al PRI. Sí, resucitó con un vigor impresionante. El 3 de diciembre del 2012, día de la toma de protesta como secretaria de Desarrollo Social, se veía radiante y rejuvenecida. A pesar de que siempre había criticado al PRI, ahora lo perdonaba y entraba en sus filas con ganas de ayudar a los más desprotegidos. Para ese año, ya se había olvidado de su “ángel”, así como de las heridas que le había dejado el desamor.

Seis años después de aquel temblor sentimental y político, nos enteramos del saqueo a la Sedesol y a la Sedatu, durante su gestión, detectado por la Auditoría Superior de la Federación: “De mil 900 millones de pesos del erario público asignados por esas secretarías, más de 700 millones fueron finalmente transferidos en efectivo a diez domicilios”. (Reforma, 11/09/2018). A mí no me queda más que agregar lo que piensan muchos ciudadanos hartos por la corrupción e impunidad, ¡¡¡que la metan a la cárcel!!!
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