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Querida Ana
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11 Mayo 2019 03:30:00
La mamá más mala del mundo
Ayer fue Día de las Madres y quiero enviar un saludo lleno de cariño y reconocimiento a todas las madres que leen esta columna, que lo han hecho durante tantos años que la he escrito con tanto afecto y con el deseo sincero de ayudar y apoyar, y también para las madres o esposas de los señores que me han escrito y me escriben solicitando orientación o sugerencia para algún problema que tienen.

Sé que es probable que algunos de ustedes conozcan el texto que voy a incluir el día de hoy, pero quise hacerlo en memoria de mi mamá, ya que ella fue conmigo, en gran parte, como la mamá que se describe en el mismo, lo que le he agradecido toda mi vida. Así que, para todas las madres y para mi adorada mamá, que aunque esté ausente, está muy cerca de mí:



La mamá más mala del mundo


Yo tuve la mamá más mala de todo el mundo. Mientras que otros niños no eran obligados a desayunar, yo tenía que comer cereal, huevos y pan tostado y beber un vaso de leche o chocolate. Cuando los demás tomaban refrescos gaseosos y dulces para el lonche, yo tenía que comer la fruta y el pollo desmenuzado o el jamón en pan que ella ponía en mi lonchera.

Mi madre siempre insistía en saber dónde nos encontrábamos. Parecía que estábamos encarcelados. Tenía que saber quiénes eran nuestros amigos. Insistía también en que si decíamos que íbamos a tardar una hora, solamente nos tardáramos una hora.

Me da vergüenza admitirlo, pero hasta tuvo el descaro de romper la ley contra el trabajo de los menores. Hizo que laváramos trastes, tendiéramos camas, aprendiéramos a cocinar y muchas cosas igualmente crueles. Creo que se quedaba despierta en la noche pensando en las cosas que podía obligarnos a hacer. Ah, y siempre insistía en que dijéramos la verdad y sólo la verdad. Jamás mentir ni tomar lo ajeno.

Para cuando llegamos a la adolescencia, ya fue más sabia, y nuestras vidas se hicieron más miserables; se volvió posesiva. Nadie podía tocar el claxon para que saliéramos corriendo cuando iban por nosotros. Nos avergonzaba hasta el extremo obligando a nuestros amigos a llegar a la puerta para preguntar por nosotros. Y nosotros teníamos que hacer lo mismo.

Mi madre fue un completo fracaso. Ninguno de nosotros ha sido arrestado. ¿A quién debemos culpar de nuestro terrible futuro? Tienen razón: a nuestra madre.

Vean de todo lo que nos hemos perdido. Nunca pudimos participar en una demostración de protesta y actos violentos y miles de cosas más que hicieron nuestros amigos.

Ello nos hizo convertirnos en adultos educados y honestos y solidarios con nuestro prójimo. Usando esto como ejemplo, estoy tratando de educar a mis hijos de la misma manera.

Hoy doy gracias a Dios por haberme dado…

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