×
Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
ver +

" Comentar Imprimir
05 Enero 2018 04:05:00
La marca del sexenio
El final de los últimos gobiernos del PRI resultó desastroso, excepto el de Ernesto Zedillo, quien recibió el país en una profunda crisis financiera, las secuelas del levantamiento zapatista y un malestar nacional por la soberbia y corrupción gubernamentales. Entregó una economía estable, sin sobresaltos y con reconocimiento internacional por haber emprendido la reforma política que posibilitó la alternancia en la Presidencia de la República. El ocaso del sexenio de Enrique Peña Nieto, en cambio, recuerda los de Luis Echeverría, López Portillo y Salinas de Gortari por sus excesos, escándalos y el enfado ciudadano.

El Presidente está dispuesto a retener el poder para su grupo a cualquier costo, pero carece de argumentos para lograrlo. Las reformas fiscal, energética y educativa no han dado los resultados esperados, y han sido opacadas por la corrupción y la impunidad. La violencia repuntó, hay retroceso en materia de transparencia y el Sistema Nacional Anticorrupción, tanto en el país como en los estados, es una nueva simulación. La intención no es combatir el flagelo, sino proteger a los venales incluso con leyes que amordacen a los medios de comunicación como los cambios al Código Civil federal que tipifica como daño moral informaciones que causen “deshonra” aun si se trata de hechos verídicos.

Ninguna elección presidencial puede proyectarse a partir del resultado de procesos locales. Si los comicios en Estado de México y Coahuila del año pasado se toman como base para imponer al candidato del PRI, José Antonio Meade, se llevará al país a peores escenarios que los de 1988 y 2006, cuando Salinas de Gortari y Felipe Calderón fueron declarados presidentes en medio de denuncias de fraude y movilizaciones sociales.

En Estado de México y Coahuila las elecciones fueron impugnadas por múltiples irregularidades, pero el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación las avaló. Mal augurio.

En la elección presidencial las condiciones son distintas, pues entran en juego fuerzas nacionales e intereses extranjeros. La prensa internacional ha seguido a Peña Nieto desde el principio de su administración. Primero se le calificó como “el salvador de México” y después se ponderó el “momento mexicano”. Sin embargo, en poco tiempo el salvador devino en villano y el momento en pesadilla. La corrupción, la impunidad y la arrogancia de la clase gobernante son la marca del sexenio.

El Gobierno de Peña Nieto se ve y se escucha a sí mismo, no a la sociedad. La Ley de Seguridad Interior, que otorga a las Fuerzas Armadas mayores facultades, normaliza su presencia en las calles y aumenta el poder del Presidente, es el reconocimiento del fracaso del Gobierno federal y de los estados en la lucha contra la delincuencia organizada. Su aprobación y promulgación, sin tomar en cuenta las advertencias de organismos civiles y las recomendaciones del alto comisionado de las Naciones Unidad para los Derechos Humanos, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Comisión Nacional para los Derechos Humanos, refleja insensibilidad e incluso miedo frente a conflictos políticos y sociales futuros.

La indignación y el creciente malestar por la corrupción, la impunidad y la soberbia del Gobierno han creado condiciones para la tercera alternancia en Los Pinos. Tratar de evitarla por todos los medios que el poder tiene a su alcance expondría al país a graves riesgos. México no toleraría un nuevo fraude electoral.
Imprimir
COMENTARIOS



0 1 2 3 4 5 6