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Abdel Robles
Abdel Robles
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Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Reportero sección policiaca en Editora El Sol, reportero sección local El Norte, coeditor del vespertino Extra de Multimedios, director editorial del Periódico La Voz de Monclova, director Editorial de El Diario de Coahuila, Comunicación del Municipio de San Nicolás de los Garza, NL, director editorial de Zócalo Piedras Negras, y actualmente editor en jefe de Zócalo Monclova

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30 Agosto 2015 03:09:59
La marrana y las nalgas acartonadas
Yo pensé que andaba calzoneando…

Pero no, Chibirico tenía los pantalones al tobillo, es cierto… estaba semi encuclillado, es cierto…

No obstante, lo que el chaval hacía debajo de la tarima del corredor, era colocarse cartones por debajo del calzón.

¿Qué tienes Chibi?

Meneó la cabeza… “Ora sí me carga la rechingadísima…

la mismísima gramputa”.

-¿Qué fue?

“Se me perdió una puerca”.

-¿Cómo?

“No sé cómo abrió el chiquero… pero se me salió, y cuando la fui a perseguir la marrana jidepú ya andaba por la heroica… y no la alcancé”.

Una marrana perdida era tragedia, ni duda cabía.

Por ello ante la certeza de que recibiría una buena cintariza de su madre, mi amigo se colocaba protectores… “pa’ que no me duela tanto”.

Es que era cosa de minutos para que Chucha la tripona fuera con el chisme… cosa de un ratito para que doña Meche lanzara el grito…

Y allí estaba…

“Muchaaaaaaaaaaacho jijo de la gramputa madre que te reventó”….

Chibirico meneó la cabeza otra vez… se encogió de hombros y me miró resignado… “Ni modo Negrito, ya llegó la malora”.

Allá voy tras él, solidario en el dolor… en la adversidad…

Nomás alcanzo a escuchar la cantidad y la variedad para intercalar todas las maldiciones del acervo alvaradeño en unas cuantas frases.

Meche está “como chile en fondillo de monja”… se siente “como pito con roncha de chichicaxtle”…
Se siente irritada, pues… enojadísima.

Así que va por la cuarta, aquel pedazote de cuero… y con la cabeza gacha va hacia el rincón de los suplicios… se apresta a recibir el primer golpe, cuando el grito de Chucha la Tripona interrumpe todo el procedimiento.

“¡Ahí viene la marrana… ahí viene la marrana!” En efecto, la marranita venía corriendo hacia la casa de Meche… rauda y veloz, perseguida por un perro prieto…

Meche soltó la cuarta…

“¡Ándale Chibirico!… ve por ella… ve por ella”.

Y el Chibi hizo todo el esfuerzo por salir corriendo tras la marrana… pero… ¿Quién puede correr con las nalgas forradas de cartón.

No señor, no pudo correr… parecía pollo escaldado…

las nalgas entiesadas no permitían el movimiento motriz para ir por la cerda.

“¿Pues qué te pasa muchacho animal?”

Chibirico intentaba, pero por fortuna no fue necesario correr… la marranita llegó sola y probé mi brazo con una piedra bola que fue a dar a las costillas del perro prieto que salió aullando.

¡Se acabó!… la puerca ya está en casa… no hay cintarazos.

Meche suspira hondo… y luego, comprensiva le da una nalgadita cariñosa a su hijo…

“¿Qué rechingaos traes en las nalgas, muchacho?” -Na… na… ¡Nada, amá!

Pero sí traía… y cuando Meche le revisó los calzones, le encontró el forro de cartón.

“Ah cabroncito… me ibas a engañar ¿Verdad?”

-¡No… no mami…no!

Imposible evitarlo… fuera cartones… y dos buenos cuartazos… secos… certeros…

Dos buenos cuartazos en las nalgas y el efecto llega hasta el otro lado.

Chibirico moja el pantalón como los meros machos.

“No me mié Negrito… son las lágrimas que no dejé salir por los ojos”.

Pues sí, eso era sin duda.

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