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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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26 Junio 2018 04:00:00
La más grande
Parece que la competencia es para ver quién la tiene más grande. Sí, todas las campañas quieren presumir el tamaño de sus concentraciones. Como adolescentes, los líderes de los partidos y los candidatos se pelean por ver quién reúne más gente.

Este domingo 24 de junio, Ricardo Anaya, del PAN, y Alejandra Barrales, del PRD, hicieron su cierre capitalino en el Paseo de la Reforma, en torno al Ángel de la Independencia, el tradicional lugar de concentración del PAN. Los organizadores afirmaron que habían reunido 180 mil personas. “No cabíamos en el Azteca”, festejó en su cuenta de Twitter Emilio Álvarez Icaza, de la alianza Por México al Frente. Cuando un reporte de Proceso firmado por Álvaro Delgado señaló “Ante unas 10 mil personas, Anaya cierra campaña en el Ángel con elogios al PRD”, Álvarez Icaza respondió con sorna: “Con pesar informamos que el periodismo y el mundo de las ideas han sufrido una baja. Ya perdimos a @alvaro_delgado. Nuestras condolencias a @revista proceso”.

Andrés Manuel López Obrador trató de conseguir el Zócalo para su cierre, pero se lo negó el Gobierno perredista de la Ciudad de México. Decidió irse el miércoles 27 al estadio Azteca, con capacidad formal de 87 mil personas, pero que puede acomodar a más asistentes en la cancha. Tener una asistencia muy elevada es importante para Andrés Manuel, sobre todo después del fiasco del estadio Pirata Fuentes, de Veracruz, el 23 de junio, donde hubo poca asistencia porque el mitin se realizó al mismo tiempo que el juego México-Corea del Sur. López Obrador ha realizado, sin embargo, muchos otros cierres regionales con buena asistencia.

José Antonio Meade y Mikel Arriola hicieron un cierre el pasado fin de semana en el Palacio de los Deportes. El escenario, con capacidad de 20 mil personas, estaba lleno.

En 1995, el fallecido activista Adolfo Aguilar Zinser ofreció en su libro Vamos a Ganar un análisis de la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas de 1994. Señaló que las concentraciones multitudinarias le generaron a Cuauhtémoc y a su círculo cercano la convicción de que ganaría fácilmente la elección. No fue así. Las plazas llenas no garantizan votos. La mayoría de los votantes no asisten a mítines, ni voluntariamente ni como acarreados. El PAN ha ganado dos elecciones presidenciales pese a no haber tenido los mítines más concurridos. El lleno del Paseo de la Reforma de este domingo fue producto de la capacidad del PRD de movilizar gente, particularmente trabajadores del Gobierno capitalino. No significa que el PRD alcanzará el triunfo en la Ciudad de México, sino que sigue teniendo una significativa capacidad de acarreo.

Las encuestas son un instrumento mucho más adecuado para medir la intención del voto que el número de personas que asiste a los mítines. Los políticos, sin embargo, se han encargado de debilitar la confianza en las encuestas, que descalifican cuando no los favorecen. Prefieren promover una especie de pensamiento mágico que sugiere que la asistencia a los mítines y el fervor de los participantes son mejores indicadores de un posible resultado electoral.

Se entiende esta fe en los mítines nutridos. Permite que los candidatos mantengan vivas las esperanzas de sus simpatizantes sin importar lo que digan las encuestas. Una de las fuerzas de una campaña es precisamente el optimismo de los militantes y simpatizantes. Y parece que en una democracia adolescente la forma de hacerlo es tener las concentraciones más grandes.

DISTRAÍDA

Amalia García renunció al PRD porque el partido postuló a Ricardo Anaya, del PAN, a la Presidencia. Lo curioso es que no lo hizo cuando se hizo la alianza ni cuando nominó a Anaya. Supongo que la exgobernadora estaba distraída y no se había dado cuenta de quién era el candidato de su partido.
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