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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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14 Diciembre 2016 04:07:00
La motociclista
Ana Gabriela Guevara es un orgullo para México. Fue campeona del mundo de los 400 metros planos en 2003 y ganó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Ha tenido una posterior trayectoria política que la ha llevado a ser senadora por el Partido del Trabajo. Es una mujer que siempre ha defendido su independencia personal. Su decisión de andar en motocicleta, no una motoneta, que algunos consideran es la única que puede usar una mujer, sino una Harley Davidson, subraya su carácter. Quizá por eso, porque pintaba una gallarda figura sobre su moto, fue brutalmente agredida por cuatro hombres el domingo 11 de diciembre.

La senadora ha señalado que una camioneta con placas MMU 84 73 del Estado de México embistió su motocicleta. “Cuando solicité se detuvieran para poder llamar al seguro y pensando se trataba de un accidente, descendieron los cuatro ocupantes y comenzaron a golpearme con lujo de violencia, pronunciando insultos por mi condición de mujer y de motociclista. Durante varios minutos me agredieron con golpes y puntapiés, principalmente en la cara y costillas; una vez que se detuvieron abordaron la camioneta y se marcharon”. En una conversación ayer me añadió: “Nunca le dije que era Ana Gabriela Guevara. Nunca le dije que era senadora de la República. Simplemente le dije: ¿Por qué me tumba?”.

La agresión ha generado una gran atención y es justo. Hierve la sangre de saber que una mujer caída es cobardemente golpeada por cuatro hombres. La Procuraduría General de la República ha decidido atraer el caso. El que la placa de la camioneta haya sido registrada facilita la investigación, aunque la publicidad que se ha dado a los hechos seguramente ha alertado a los responsables.

Me ha sorprendido ver a gente en redes sociales y en conversaciones que me dicen: “Es que los motociclistas son muy agresivos”. Este es el tipo de argumento que usa Donald Trump cuando afirma que los mexicanos son violadores y asesinos. No hay ninguna indicación de que la senadora haya cometido ninguna falta, pero mucha gente reacciona con prejuicios. He visto a motociclistas agresivos; por lo tanto, todos los motociclistas son agresivos y merecen ser agredidos.

La senadora lamentó en su comunicado la violencia a la que son sometidas las mujeres. También pidió “una cultura de respeto hacia los motociclistas, puesto que somos objeto de agresiones”. En muchos casos, señala, los motociclistas llegan a perder la vida “por la irresponsabilidad de conductores que actúan al margen de las leyes de tránsito”. Estoy de acuerdo, aunque la exigencia hay que extenderla a aquellos motociclistas que piensan que los reglamentos no se aplican a ellos.

La motocicleta genera una sensación de libertad. El delicado equilibrio con el que se avanza sobre dos ruedas, la maniobrabilidad del vehículo, la necesidad de prestar atención a cada movimiento y obstáculo en el camino, y el viento sobre el cuerpo y el rostro liberan el espíritu. Entiendo muy bien por qué a Ana le gusta subirse a la moto. Yo mismo lo hago y también mi hermano y mi hermana.

Pero hay mentes cerradas que aborrecen a cualquier motociclista o a cualquier mujer. La agresión contra la senadora, en efecto, parece haber sido motivada por un odio a alguien simplemente por ser mujer y motociclista.

Ningún grupo de cuatro hombres que golpee y patee a una mujer debe poder evadir la justicia. Espero que la PGR detenga a los responsables y les dé un castigo ejemplar.

LA PECANINS

Betsy Pecanins fue intensa, brillante y siempre sorprendente. Transitaba sin problemas del blues a la música folclórica. A nadie debe sorprender que haya decidido marcharse de improviso y sin pedir permiso. Pero eso no significa, Betsy, que no te extrañaremos.
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