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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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13 Julio 2020 04:07:00
La muerte crece y el Gobierno se achica
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La misma noche que el país superaba a Italia en la cifra total de muertes por Covid 19 y se ubicaba en el cuarto lugar de las naciones con más muertos en esta pandemia con 35 mil decesos, ya solo superado por EU, Brasil y Reino Unido, el presidente López Obrador volvía a insistir en que “la pandemia está a la baja y perdiendo intensidad” y, en medio de las críticas cada vez más fuertes a los resultados de la estrategia de su Gobierno, el Mandatario volvió a culpar a la “prensa amarillista” por contabilizar a los muertos, mientras decía odiar las comparaciones con otros países e insistía en hacer el conteo de muertes por cada millón de habitantes.

Por enésima ocasión López Obrador tuvo que salir en defensa del doctor Hugo López-Gatell, cuya renuncia volvió a ser tendencia el fin de semana en las redes con el hashtag #FueraGatell, y lo defendió diciendo que se ha emprendido una campaña en su contra.

Cada vez es más claro que al Presidente el llamado “rockstar” de la pandemia se le ha convertido en un fardo más que en un activo y que, conforme sigan aumentando los contagios y, sobre todo los fallecimientos por Covid, hasta en 5 veces más de los 6 mil muertos que había pronosticado torpemente, el encargado y vocero de la pandemia se volverá insostenible y la defensa sistemática del Presidente tendrá un alto costo, no solo para él y su imagen, sino para el país.

Si la estrategia de López-Gatell y su cuestionado modelo centinela se centró solamente en evitar un colapso del sistema hospitalario, pero no en proteger la vida de los mexicanos ni en evitar la propagación y el contagio del virus por todo el territorio, las mismas cifras oficiales confirman el fracaso absoluto y total del modelo. Hoy, cuando el encargado de la pandemia culpa a los estados de no tener el control de la reapertura, después de que fue el Gobierno federal y el Presidente el que renunció a la facultad constitucional de imponer las directrices nacionales obligatorias a través del Consejo de Salubridad General, cuando López Obrador dijo que “no vamos a pelear y que cada quien tome sus decisiones de manera voluntaria sin imposiciones”, lo único que queda claro es que por más discursos, conferencias, alocuciones, videos y cantinfleos de las autoridades, lo que hoy perciben y viven los mexicanos es que vamos solos y por nuestra cuenta en medio de la peor pandemia humana de la época moderna.

Hace no mucho le escuché decir a un titular del Gabinete federal que el peor error que había cometido López Obrador era “haber confiado ciegamente en López-Gatell” en lugar de haber convocado a los mejores expertos en el Consejo de Salubridad General, en lugar de las de un solo médico que además terminó politizado y mimetizado con una causa política más que con la protección de la salud y la vida de los mexicanos.

Y anoche López-Gatell parecía confirmar el costoso error del Presidente, cuando enojado por lo que publican los periódicos sobre sus dichos y frases, decía que las críticas en su contra “no es hacia mí, es hacia todos ustedes”, refiriéndose a todos los mexicanos. Ahora resulta que ya es también la encarnación del pueblo y volvía a insistir en que no era adecuado “buscar culpables” sino apelar a la “corresponsabilidad”. ¿O sea que todos somos culpables de los 35 mil muertos?


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