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Carlos Moreira
Carlos Moreira
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15 Octubre 2016 04:09:00
La muerte de Gonzalo
Ingeniero en Sistemas, oriundo de Veracruz pero con dos décadas viviendo en el estado de Guerrero, don Gonzalo Rivas Cámara era un hombre sencillo: padre de dos hijas, trabajador, responsable, un ser humano que no gustaba de pleitos, que no se proponía participar en el activismo político, un pacifista.

Le tocó la mala fortuna de estar presente en el lugar y el momento equivocados. O quizá no. Tal vez ahí debía de estar, era necesaria su presencia en ese sitio para salvar la vida de decenas, de cientos de personas.

El sexenio de Felipe Calderón entraba en su recta final. El perredista Ángel Aguirre lucía fuerte en el Gobierno de Guerrero. Los estudiantes de Ayotzinapa emprendían una de sus tantas jornadas de lucha social y política, en esa ocasión para protestar contra sus maestros pues se negaban a que llegara a la Dirección de la escuela un docente llamado Eugenio Hernández, al que consideraban represivo. Y también para solicitar 170 plazas de educación primaria para los profesores recién egresados (y para los futuros docentes). Tenían 40 días sin clases.

Un grupo de aproximadamente 500 estudiantes normalistas y algunos campesinos intentó tomar las casetas de la Autopista del Sol, a la altura de Chilpancingo. Policías federales y estatales se les enfrentaron, los hicieron retroceder. Los alumnos de la Normal Raul Isidro Burgos de Ayotzinapa utilizaron piedras, cohetones y bombas molotov para repeler a los policías.

Todo parecía que iba a transcurrir así, con hechos violentos pero sin víctimas heridas de gravedad. Sin embargo, al punto de mediodía, los trabajadores de una gasolinera se negaron a surtirles combustible a los estudiantes para que hicieran más artefactos con la finalidad de atacar a las fuerzas del orden. Los normalistas se enfurecieron y empezó la locura y con ella la tragedia.

Un par de violentos alumnos decidieron pasar de la protesta al terrorismo y le prendieron fuego a una bomba de la gasolinera. Todo se salió de control, la gente gritaba que todo iba a explotar. Decenas de personas corrieron para salvar su vida. Aparecieron en escena policías vestidos de civil y efectuaron disparos contra los manifestantes. Jorge Alexis Herrera Pino y Gabriel Echeverría de Jesús, alumnos de Ayotzinapa, perdieron la vida por heridas de bala.

El fuego en la gasolinera se intensificaba. Los trabajadores, los automovilistas y los estudiantes corrían para alejarse de una posible explosión y a la vez intentaban no caer víctimas de las balas de la Policía. Gonzalo Rivas hizo exactamente lo contrario. No corrió, no intentó huir para llegar a salvo a casa con su esposa y sus hijas. Se puso el traje de héroe, fue a cerrar llaves y con un extintor apagó parte del incendio.

Casi había logrado su cometido, sin embargo, un garrafón con combustible dejado por los estudiantes explotó y provocó quemaduras de tercer grado en el 35% del cuerpo de Gonzalo. Así vivió los siguientes 20 días, el 2 de enero del 2012 falleció.

El Gobierno no detuvo a los culpables, no lo hizo el presidente Calderón, tampoco lo hizo el gobernador Aguirre. No hubo castigo para los criminales. No se han hecho plantones para exigir justicia.

Los normalistas de Ayotzinapa mostraron su lado terrorista. Los policías su lado más estúpido, su incapacidad para enfrentar con éxito una protesta estudiantil. Unos y otros se mancharon las manos con la sangre de tres seres humanos.

Gonzalo Rivas Cámara es uno de esos héroes desconocidos. Un hombre que entregó su vida para salvar la de cientos de personas, entre ellas, las de sus verdugos.

Espero se le conceda la Medalla Belisario Domínguez.
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